Perdí la cuenta de las veces que había marcado al número de teléfono de Sarah, no perdía la esperanza de que contestara aunque sea una de mis llamadas o uno de los tantos mensajes que le envié desde que llegó ese documento, aunque sé que me había bloqueado después de encontrarme de aquella manera con Rachel en mi oficina. Recuerdo la decepción, el repudio y desprecio en sus ojos, no era para menos, la había lastimado de la peor manera, odiaba tener que admitirlo, pero le hice pedazos su noble corazón que no hacia más que latir por mí. “Te haré llegar el acta de divorcio.” Cuando dijo aquello creí que había sido un arrebato de su parte, creí que la rabia hablaba por ella, cuando la vi en la oficina consideré la idea de contarle aquel secreto con el qu

