Todo lo malo de esfumó cuando vi las primeras imágenes de mi bebé, la verdad es que no se distinguía nada, aún era muy diminuto como una semilla, pues apenas tenía cuatro semanas de gestación, pero la emoción de saber que estaba creciendo en mi vientre, que tenía vida dentro de mí, nadie me la iba a quitar, ni porque inventen mil rumores en línea. Ese es mi hijo. — Estoy cien por ciento segura que será una niña y será igual de hermosa que la tía Abby. —mi amiga daba saltitos sin ocultar la emoción en sus ojos. Ella, al igual que mis padres, no se perdieron ni lo más mínimo en mi primer chequeo, mi madre derramó algunas lágrimas mientras me tomaba de la mano y mi padre, aunque estaba con su expresión neutra, sabía que también quería derramar una lágrima de fel

