Capítulo VIII: ¡No puede ser!

1052 Words
—Cristiana, acabo de decirte que te amo y que no me veo casado con Mariana y no me dices nada. Cristina sintió que su corazón le dolía, ella jamás espero una confesión por parte de Roberto, ella siempre pensó que lo de él solo era amabilidad. —Debes comprender que tu confesión me ha tomado por sorpresa, sobre todo debido al hecho que te encuentras comprometido y a poco de casarte, considero que esta confesión no debió de pasar jamás. Después de que le paso la impresión, Cristina comenzó a sentir molestia hacia Roberto, ya que aunque fueran verdad sus sentimientos, él se encontraba comprometido, y la mujer con la cual estaba comprometido, se estaba portando demasiado bien con ella, para poderle hacer una traición, aceptando los sentimientos. —Entiendo tu sentir, pensé que jamás tendría el valor de confesarte mis sentimientos, pero al verte junto a mi primo, comencé a sentir muchos celos y pensé en que debías saber como me siento. —El hecho de que tengas sentimientos hacia mí, no cambia en nada nuestra situación. Te recuerdo que tu prometida es ahora mi amiga y yo jamás traicionaría a una amiga por un hombre. Además, te recuerdo que el que pidió su mano fuiste tú. —Lo sé, pero lo hice debido a que mis padres me obligaron. Ellos son muy amigos de los padres de Mariana y siempre pensaron en que nosotros dos podemos unir los negocios familiares. —Tus padres te podrían obligar a hacer cosas que no quisieras cuando eras un niño, pero hoy que eres un hombre esa es una excusa barata, y si aceptaste casarte con Mariana, quiero pedirte de favor que no vuelvas a repetir que tienes sentimientos hacia mí, y que te dediques a hacerla feliz, debido a que ella es una gran mujer y no se merece que la traiciones. Roberto se decepcionó al recibir aquella respuesta por parte de Cristina, él estaba seguro de que ella siente amor por él, y esperaba ansioso de que ella no lo rechazará. —Comprendo, solo creí necesario hacerte saber lo que siento por ti, no quería luego arrepentirme de no haberte comentado mis sentimientos. —Espero que hoy que me confesaste tus sentimientos puedas dejarlos ir, y comenzar a ver a Mariana como lo que es, tu pareja y la mujer con la que deberás pasar el resto de tu vida. Luego de decir esas palabras, Cristina se levantó de la mesa y salió caminando rápidamente hacia la puerta. Cristina se encontraba desconsolada, ella estaba muy enamorada de Roberto, pero luego de lo bien que Mariana se había estado comportando con ella, también había comenzado a tener sentimientos por ella, ya la ve como a una gran amiga y ella jamás sería capaz de quitarle el novio a su amiga. Cristina se dirigió hacia un parque que se encuentra cerca de la oficina, debido a que necesitaba un poco de tiempo para calmarse y dejar de pensar en la confesión de Roberto. Ella decidió sentarse en una banca, para poder descansar, tomar un poco de aire y dejar de pensar en todo lo sucedido. En eso, Julián iba caminando con dirección a la oficina de su madre cuando la vio ahí sentada sola, con una expresión de tristeza en su rostro. Decidió no perder esa oportunidad y se acercó hacia donde ella se encontraba. —¡Hola! ¿Qué haces aquí tan sola? Cristina se exaltó un poco al escuchar aquellas palabras. Julián notó eso y se disculpó inmediatamente con ella. —Discúlpame, no era mi intención asustarte. Lo que sucede es que iba de camino a la oficina de mi madre y te vi aquí sola, pensé era buena idea acercarme a saludar. —No tengo nada que disculparte, estaba pensando un poco en algunos asuntos del trabajo, eso es todo. —Entonces, ¿Quieres que me vaya? —No, quédate, creo que me hará bien un poco de compañía, el hablar de otras cosas y distraerme del trabajo. A Julián le emocionó mucho el escuchar aquellas palabras. Él era el más emocionado de estar al lado de ella. —Ahora, cuéntame, ¿Qué te sucede? ¿Por qué tienes esa expresión de tristeza en tu rostro? Cristina, considero que no era apropiado comentarle a Julián lo sucedido unos minutos antes con su primo. —No es tristeza, solo estoy un poco preocupada por algunos asuntos de trabajo, no me hagas mucho caso. Además, te dije que quería que me distrajeras con tu plática amena, y si me haces contarte lo que me sucede, en lugar de distraerme, estás haciendo que tenga que recordar mis pesares. —En eso tienes toda la razón —le respondió él, con una amplia sonrisa en el rostro. Luego de pagar la cuenta en el restaurante, Roberto salió detrás de Cristina, aunque en un primer momento pensó en ir a la oficina de su tía para hablar con ella, luego se dio cuenta de que eso solo podía traer problemas, ya que lo más seguro era que en ese momento ella no lo quisiera ver. Así que Roberto, decidió que lo mejor sería ir a dar un paseo y despejar un poco su mente de tanta presión. No solo estaba el hecho de que Cristina lo había rechazado, sino que también estaba pensando seriamente en su compromiso con Mariana, ya que aunque le dolieron las palabras de Cristiana, él era consciente de que ella tenía razón. No podía casarse con una mujer que no ama, solo por petición de sus padres. Mientras Roberto se encontraba caminando en el parque, se dio cuenta de que ahí también se encontraba Cristiana, aunque al darse cuenta de que ella no se encontraba sola, hizo que comenzará a molestarse de una manera exagerada. «No lo puedo creer, ella me acaba de rechazar y ya se está refugiando en los brazos, de nada más y nada menos que mi primo Julián. Ella respeta el novio de las amigas, pero no respeta el hecho de que le acabo de confesar que la amo, y se va corriendo a los brazos de mi primo, pero esto no se va a quedar así», pensó Roberto. En eso comenzó a caminar apresuradamente hacia donde se encontraban sentados su primo, junto a Cristina.
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