CAPÍTULO 11
Isócrates había perdido el control, sus estremecedores gritos sacudían la isla con fuerza de tsunami se necesitaron cuatro hombres para contenerlo, el impacto de observar a su hija sin vida hizo que algo en su interior se quebrara en mil pedazos.
Existe un nombre para los niños que pierden a sus padres, también existe un título para las personas que pierden a sus parejas, pero no se ha inventado una forma de llamar a los padres que pierden a un hijo, tal vez porque no existe una palabra que pueda describir el dolor tan espantoso que se siente, la vida está diseñada para los hijos entierren a sus padres, no debería ser de otra manera. Ojalá el que inventó la existencia hubiera creado algo para que este tipo de cosas nunca pasaran, lo cierto es que la pobre chica yacía allí tirada sin vida, apenas cubierta con una sabana blanca, nadie merecer morir de ese modo, nadie merece ser abusado, nadie merece vivir en zozobra por culpa de algún ruin déspota como lo era el soldado Joaquín Perez.
Entre las personas se corría el rumor de qué la niña Amelia Campos murió por intentar quitar el arma de fuego a un soldado de la patria, algo que obviamente, nosotros sabíamos, era completamente falso, era por ello que necesitábamos aclarar las cosas. Luego de un par de horas, finalmente llegaron las autoridades competentes para realizar el levantamiento del c*****r, increíblemente, el cuerpo sin vida de una adolescente de apenas quince años de edad, duró doce largas horas tirado entre los matorrales dónde fue asesinada. Y para el colmo de las injusticias, los hombres que llevaron a cabo la recolección, llegaron con una actitud muy deplorable, levantando el c*****r sin ningún tipo de cuidado, diciendo cosas cómo "Los traidores a la patria merecen morir así".
Luego de el levantamiento del cuerpo, nos dirigimos a la comandancia principal dónde se supone podríamos aclarar todo el lamentable mal entendido, al llegar a las instalaciones, tuvimos que esperar por media hora a que nos atendieran, mi mejor amigo Isócrates Campos no paraba de llorar por lo ocurrido, el llanto era tan fuerte y profundo que lo hacía temblar, para mí era totalmente desgarrador verlo en esas condiciones, él era un hombre muy alegre, vivaracho, de ese tipo de personas que no puedes lograr recordar haberlo visto molesto en algún momento, fue mi amigo, mi mentol, mi maestro, mi consejero, el único ser humano que se tomó la molestia de confiar en mí, tanto que incluso me ayudó a conseguir un trabajo, me dió el secreto para enamorar a la mujer que amo, me apoyo en cada uno de los detalles para lograr hacer mi boda realidad siendo también mi padrino de bodas, salvó mi vida en el momento en el que sentí que ya no podía más y estaba a punto de rendirme, ese loco soñador que sembró en mí, la demencial idea de construir un puente que uniera dos mundos, pero tal vez esta maldad no debía conocer el mundo exterior. Una persona que fue capaz de hacer todas esas cosas por mí, ahora se encontraba sentado en una vieja banca policial con el corazones destrozado, llorando desconsoladamente, y yo no lo podía ayudar de ninguna manera, me hubiera gustado poder hacer algo para aliviar su pena y su dolor, pero en el fondo sabía que ya no había vuelta atrás, Amelia no regresaría jamás, tampoco mi mejor amigo, Isócrates Campos.
Cuando finalmente se dignaron a dejarnos pasar , recuerdo que en la oficina sólo se encontraba un soldado, un hombre mayor, de voz muy ronca y con un enorme afiche de Fidel Castro a sus espaldas, fue bastante incómodo para mí hablar con un hombre tan preponderante, pero debíamos hacerlo.
- ¿ustedes son los familiares de la niña fallecida? . - preguntó ese oficial sentando en su oficina fumando un habano.
- ¡se llama Amelia Campos y es mi hija! . - respondió mi amigo Isócrates con mucha rabia.
- ¡oye chico, de verdad me da igual cómo se llamaba la rebelde esa, lo que me interesa saber es, ¿porque intentó robar el arma de fuego reglamentaria de un soldado tan insigne y tan ilustre como nuestro héroe nacional Joaquín Perez? , ¿están en contra de la revolución cubana? , ¿sembró usted esa idea de atacar a nuestro glorioso gobierno en la retorcida mente de su hija? . - preguntó imprudentemente ese déspota sujeto señalando con su dedo a mi mejor amigo Isócrates.
- ¡usted se equivoca! , ¡ese infeliz que llama "héroe nacional" no es más que un vil violador de menores que abusó de mi pobre por meses, ella sólo quería defenderse, pero el muy cobarde la mató, la mató como si ella fuera un simple animal sin importale nada . - respondió Isócrates levantando la voz y golpeando el escritorio de ese sujeto.
- ¡es una acusación muy grave la que usted está haciendo, manchando el laureado nombre de un soldado defensor de la patria que ha luchado durante años por el bienestar de la gloriosa revolución . - gritó ese sujeto con su ronca y grave voz también golpeando su escritorio.
- ¡me importa un bledo su maldita revolución de canallas y cobardes, es su gobierno quienes nos tienen sumergidos en esta miseria! , ¡ese hombre asesinó a mi hija luego de abusar sexualmente de ella, le juro por la sagrada memoria de mi Amelia, que esto no se va a quedar así . - respondió Isócrates yendo a pararse frente a ese despreciable soldado cegado por la corrupción y la hipocresía.
- ¡usted irá a prisión por traición a la patria, ya veo que tiene el mismo pensamiento rebelde que la rabalera de su hija . - dijo ese sujeto encarando con rabia a mi mejor amigo Isócrates.
Isócrates sin decir alguna otra palabra, golpeó a ese hombre fuertemente en la cara, estoy convencido que hasta el sol de hoy, ese ha sido el puñetazo más potente que he presenciado en mi vida. Ese sujeto cayó al suelo completamente noqueado, pero Isócrates no paró, se subió sobre su cuerpo y continuó golpeándolo en el rostro, tuve que intervenir para evitar que lo matara con sus propias manos, por suerte ningún otro soldado se encontraba cerca de esa oficina en ese momento, lo que nos permitió escapar rápidamente de ese lugar a paso muy apresurado. Ahora eramos prófugos, perseguidos y acusados de supuesta traición a la patria, ¿cómo es posible que unos cuantos sujetos con uniformes, representen a todo un país?, mi amigo Isócrates y yo sabíamos que era una enorme injusticia, pero no había tiempo para detenerse a pelear, era hora de huir, de ejecutar el plan que habíamos ideado por meses, el problema latente era que aún la balsa no estaba terminada, pero sería un riesgo que estaríamos obligados a correr. ¿recuerdan que les dije, que las personas que son encarceladas por traición a la patria, desaparecen por completo y nunca más se vuelve a saber de ellos?, bueno , esa sería exactamente nuestra suerte si nos llegasen a atrapar.
- ¡iré por mi madre y por Virginia, luego paso por tu casa para emprender el viaje los cuatro juntos! . - le dije a mi mejor amigo Isócrates Campos que seguía estando totalmente distraído, obviamente pensando en su hija, el verdadero amor de su vida. La mente humana es muy compleja e incomprensible, en algún punto, puedes convencer a tu cerebro sobre el efecto de una pastilla que realmente no cumple ninguna función, asegurándole que es para aliviar un dolor en específico, y tu cerebro terminará aliviando dicho dolor en efecto. Pero jamás podrás hacerle entender a tu cerebro, que la personas que amas, se ha ido para siempre y nunca más volverás a verla.
Isócrates no respondió, sólo caminó rumbo a su casa mientras yo corría a velocidad hacía la mía, era un trayecto bastante largo por eso debía llegar rápido, todos sabían dónde vivía, así que seguramente irían hasta mí vivienda a buscarme, al llegar a mi casa noté que efectivamente fueron a buscarme allí, mi madre se encontraba afuera llorando sentada en la carretera mientras todas mis pertenecías yacían rotas en el patio.
- ¿hijo, que haces aquí?. ¡por el amor de Dios, esos hombres a penas acaban de irse! . - dijo mi madre muy preocupada por mí.
- ¿estás bien mamá? , ¿te hicieron daño? . - le pregunté mientras la ayudaba a levantarse del suelo.
- ¡no hijo tranquilo, yo estoy bien! , pero esos hombres venían por ti. ¿qué hiciste?, ellos revisaron todas tus cosas y encontraron pertenencias tuyas que van encontra del gobierno. - dijo mi madre muy nerviosa.
- ¡debemos irnos mamá, te lo contaré todo en el camino! . - le dije con mucha vergüenza, no podía sin siquiera mirarla a los ojos.
- ¿irnos? , ¿pero . . . a dónde? , ¿hijo de que estás hablando? . - preguntó mi madre extrañada sin lograr entender nada de lo que sucedía.
- ¡es un cuento muy larga mamá, y lamentablemente ya no tenemos tiempo! , ¡sólo empaca las cosas realmente esenciales, debemos viajar ligero . - le respondí a mi madre ayudándola a levantas algunas cosas con mucha prisa.
Ahora debía ir a buscar a mi esposa, no podía irme sin Virginia, estaba adelantando tres meses nuestros planes , pero la situación lo ameritaba. Me ví obligado a cargar a mi madre en mi espalda, debido a su enfermedad, no podía caminar por si sola.