CAPÍTULO 12

1672 Words
Capítulo 12 Al llegar a la casa de Virginia, senté a mi madre en una roca y le pedí que me esperara un minuto mientras iba por alguien muy especial. Luego de arrojar varias piedras pequeñas a la ventana de la habitación dónde dormía mi esposa, finalmente se asomó. - ¡Aramis! , ¿qué haces aquí? . - preguntó en voz baja mientras salía de su casa. - ¡mataron a la hija de Isócrates, eso cambia todo el plan! , ¡debemos irnos de inmediato! . - le dije seriamente mirándola a los ojos. - ¡oh por Dios santo, pobre niña! , ¿pero . . . cómo? , ¿porque? , ¿quien sería capaz de hacer algo así? . - preguntó Virginia con lágrimas en sus ojos. - ¡un soldado llamado Joaquín Perez, al parecer llevaba tiempo abusando de la niña, y cuando esta se quiso defender, el muy canalla la mató . - respondí a pesar de el enorme nudo en no garganta. - ¡Dios, no, esto no puede ser! . - decía Virginia utilizando sus manos para topar su boca en un gesto de estar perturbada. - ¡debemos irnos Virginia, ahora! . - le dije abrazándola para tratar de calmarla, la situación era muy difícil y la tensión podía cortarse con un cuchillo. - ¡pero Aramis, es muy pronto, yo aún no me siento preparada para esto. ¿cómo esperas que abandone a mi familia? . - respondió Virginia colocándome en un tremendo dilema. - Virginia mi amor por favor, no tenemos tiempo, Isócrates y yo estamos siendo buscados por el gobierno, debemos irnos ahora . - le dije con mucha seriedad tomando sus manos. - ¡Lo siento Aramis, es una decisión ya tomada. Te amo, pero no puedo abandonar a mi familia, por favor no me odies . - expresó Virginia rompiendo mi corazón en mil pedazos mientras soltaba mis manos. - ¡tienes razón Virginia, tú no te mereces esto. Disculpame, pero debo irme! . - le dije con lágrimas en mis ojos y dando la vuelta cuando en realidad mi deseo era quedarme junto a ella, pero ya era demasiado tarde para eso. Nuevamente subí a mi madre en mi espalda y continúe el camino hasta la casa de Isócrates, cuando finalmente llegué, me encontraba completamente exhausto, el aire me faltada y mis piernas casi no respondían, pero no me esperaba lo que estaba a punto ver. La casa de Isócrates había sido quemada por los soldados que nos perseguían, por suerte él se encontraba sano y salvo observando desde los arbustos, contemplando allí parafo , como se esfumaban años de trabajo duro, es increíble pensar cómo toda una vida puede ser destruida en tan sólo un minuto. - ¡Isócrates, mirame . . . oye chico que me mires! . - le dije tomando su camisa fuertemente tratando de hacerlo entrar en razón, pero él seguía estando distraído y callado, era cómo su cuerpo aún estuviera aquí, pero su alma no. - ¡debemos irnos chico, por favor, reacciona, debemos irnos ya! . - le insistí con muchas ganas esperando que reaccionara, pero todo intento fue inútil. Cuando al fin habló, fue para decir lo que tanto temía, esas palabras jamás podré olvidarlas. - ¡lo siento Aramis, pero aún no puedo irme, debes ir tú primero y poner la nave en el agua, si no llego allí en media hora, vayanse sin mí. - dijo Isócrates mirándome directamente a los ojos y entregándome las llaves de la pequeña cochera dónde estaba oculta la balsa. - ¡de ninguna manera me iré sin ti, nos vamos o no se va ninguno! . - le dije sin querer tomar esas llaves. - ¡Aramis! , aún no lo has entendido. Para mí, ya el juego se acabó, no tengo ningún motivo para ir a Estados Unidos, ya no hay nada que me inspire a seguir luchando, pero tú si tienes varias razones para no rendirte. - dijo Isócrates señalando algo a mis espaldas. - ¡él tiene razón Aramis, nuestra historia a penas comienza! . - dijo Virginia llegando con su pequeña maleta, dándome una agradable sorpresa entre tanta tragedia. En ese momento finalmente lo comprendí, esa sería la última vez que vería ami mejor amigo, esa despedida rompió mi corazón a la mitad, es imposible que una persona esté preparado para algo así. La última vez que ví a mi mejor amigo Isócrates Campos, estaba destruido, con una enorme pena en su corazón, te prometo que no te voy a recordar así, para mí siempre serás ese sujeto dispuesto a ayudar con una sonrisa imborrable en su rostro. Un fuerte abrazo selló ese indeseado pero necesario adiós el cuál casi me deja sin aliento. Isócrates corrió entre los árboles en medio de la oscuridad mientras su casa ardía en llamas y esa fue la última vez que lo ví. Horas después, un hombre sin camisa y totalmente empapado en sangre llegaba a la comandancia principal del municipio, entraba a la oficina repleta de soldados, se trataba de Isócrates Campos, el prófugo que estabieron buscando toda la noche. ¿se iría a entregar voluntariamente? . - ¡Muerto el violador, se acaban las violaciones! . - dijo Isócrates Campos arrojando la cabeza decapitada de el soldado Joaquín Perez sobre el escritorio de el general a cargo. Los planes, los planes son ideas perfectas que no siempre logran llevarse a cabalidad cómo son pensabas inicialmente. Lo que debía ser una espectacular aventura junto a mi esposa, mi madre, mi mejor amigo y su hija directo a una tierra prometida dónde lograriamos hacer realidad todos nuestros sueños, terminó siendo una huida desesperada para salvar nuestras vidas al llegar a la playa, rápidamente con la ayuda de Virginia logramos sacar al exterior la balsa qué se encontraba oculta en el pequeño local, ciertamente aún le faltaba muchos arreglos pero teníamos fé en qué resistiría el viaje hasta la florida, mi esposa Virginia demostró empeño y valentía, ayudándome a empujar esa pesada nave sobre la arena de la playa hasta lograr llevarla a las aguas del mar. Pero nada pesaba más en mi conciencia qué el hecho de abandonar a mi mejor amigo en un momento tan drástico, por más que intenté convencerme a mí mismo, qué ya no podía hacer nada para evitar su destino, no conseguía dejar de sentirme horriblemente mal , sobretodo cuando pensaba qué el no me hubiera dejado sólo bajo ninguna situación, pero también era necesario quedarme con sus últimas palabras para conmigo, tenía muchísimas cosas por las cuales luchar. Mi esposa, y nuestro futuro juntos en un país mejor, con mejores condiciones de vida, también mi madre, debía conseguir la manera de operarla en Estados Unidos y al fin dejara atrás todos son problemas de salud. Esa era la única forma de manteneme de pie, de querer seguir luchando. En ese momento no lo sabía, pero mientras yo luchaba por poner a navegar la balsa que nos sacaría de Cuba, en el calabozo de la prisión estatal, mi mejor amigo Isócrates Campos era brutalmente torturado, por los delitos de alta traición a la patria y el asesinato de un héroe nacional. Pero él jamás mostró miedo, arrepentimiento o síntomas de dolor, por el contrario, no dejaba de sonreír con cada golpe, con cada vez que sumergían su rostro en agua, o con cada descarga eléctrica, siempre se mostró valiente, gallardo y burlándose felizmente por haber vengado con sus propias manos la muerte de su inocente hija. Es imposible lastimar a una persona que ya sintió el infierno correr por sus venas, a alguien que ya no tiene miedo a la muerte, porque ya murió en espíritu. Nunca respondió a ninguna de sus preguntas, resistió hasta el final, hasta que uno de esos hombres, autoproclamados "héroes", decidió acabar con su vida disparándole en la cabeza. Murió cómo mueren los valientes, con la frente en al y con una enorme sonrisa que deja una duda sembrada en la conciencia de el cruel asesino. A veces me gusta pensar que su final no fue así, que logró escapar a otro país, qué vive una vida felíz junto a un nuevo amor y nuevos hijos como se lo merecía, pero muchas veces las historias no son bonitas por tener un final de cuentos de hadas. Existen relatos que son hermosos por el aprendizaje que te dejan, y para mí, las mejores enseñanzas las obteve de Isócrates Campos y su hija Amelia. Nuestro viaje comenzaba con el pies izquierdo, y una leve llovizna caía sobre nosotros, no podíamos evitar empaparnos debido a que la lona que se suponía debía protegernos no estaba colocada en su totalidad, solamente seguía las pocas indicaciones que recibí de parte de Isócrates meses atrás. Para ser sinceros el miedo que me invadía era enorme, nunca antes en mi vida había conducido una balsa en el medio del mar. Recuerdo que pensaba en mi padre y en la madre de Amelia, en todas esas historias que la gente solía contar acerca de cómo la mayoría de las personas qué intentan llegar a la florida en balsa, terminan en el fondo del mar, en ese momento sentí una ganas inmensas de volver, rendirme, y regresar. Pero debía entender que mi vida había cambiado, ya no había un hogar al cuál volver, ya no había un mejor amigo dispuesto a salvarme cuando estuviera en peligro, ya no existía esa vida imperfecta que tanto despreciaba, pero justo en ese momento, extrañé con todo mi corazón. El panorama era claro, no había un plan B, la única segunda opción que tenía era seguir echándole ganas al plan A. Pero las cosas estaban a punto de complicarse, Isócrates me preparó para casi todo, pero hubo algo muy importante que jamás me explicó cómo sortear, una tormenta. Se pueden imaginar cuánto miedo sentí en el momento en que noté la enorme nube gris con descargas eléctricas que podía verse en el horizonte.
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