CAPÍTULO 13

1779 Words
Capítulo 13 Les hablaré un poco de el mi padre, de contextura musculosa, dedicado al campo y a la siembra, convencido a la idea de no mostrar jamás cariño o afecto, puesto qué esto era signo de debilidad, para mi padre, un niño que era criado sin sujeto de carácter fuerte que lo guiara, crecería siendo un hombre afeminado, algo imperdonable para el personaje que me engendró, fue por ello que nunca escuché un "te quiero hijo", salir de la boca de ese señor, agradezco mucho a Dios, porque me dio una madre que valía por miles de padres, entonces podemos decir qué, amor , cariño y compresión jamás me faltó, siempre fue un sinvergüenza , orgulloso de presumir sus miles de amoríos con las mujeres del pueblo mientras mamá se encarga sola de las cosas del hogar, él fue un hombre de esos muy machistas, de ese tipo de personas que tienen el horrible pensamiento de qué la mujer es una especie de sirvienta de los hombres. Siempre intenté aprender todo en lo que él era bueno, tal vez porque quería ganarme su respeto, que se sintiera orgulloso de mí. Pero todos mis esfuerzos eran inútiles, él en cada ocasión encontraba la manera de dejarme en ridículo frente a sus amigos, es irónico, pero los únicos recuerdos positivos que tengo de mi padre, son de las veces que llegaba con flores a pedirle disculpas a mi madre por haberla golpeado horas antes hasta dejarla inconsciente, me gustaría saber quien fue el idiota que inventó que una simples flores podían curar los moretones en los ojos, pero mi mamá siempre terminaba perdonándolo, una, otra y otra vez. Luego de disculparlo, no esperaba si quiera que las flores se marchitaran, cuando ya la estaba golpeando nuevamente. Recuerdo muy bien el día que mi padre decidió irse, jurando que pronto enviaría a alguien para por nosotros, habló de lo mucho que le importábamos, y se despidió rápidamente diciendo que no le gustaba el sentimentalismo que siempre surge en la las despedidas, subió a su balsa y ambos lo miramos por minutos, hasta que finalmente desapareció en el horizonte azul adornado con un hermoso sol crepuscular. No mal interpreten mis palabras, no odio a mi padre, incluso les puedo asegurar que el primer año, realmente esperé cada a día que cumpliera su promesa, y nos sacara de la isla, que nos llevara junto a él a esa tierra prometida dónde al fin terminaría el hambre, la miseria, las ganas de morir. Pero los años pasaron, papá jamás regresó y terminó cumpliéndose lo que mi madre predijo, nunca más le volveríamos a ver. Son muchas las personas que aseguran que mi padre murió cuando en el viaje de camino a Estados Unidos su balsa naufragó, otros son más pesimistas y juran que llegó con bien a la Florida, y allí reside felizmente junto a una nueva familia en la dirección en la que nos dijo que estaría, lo único que puedo asegurar yo, es que agradezco que las cosas hayan sido como fueron, gracias a eso, crecí convencido de qué, las mujeres son el regalo más preciado que entregó Dios a la humanidad y que todas son unas princesas, tal vez porque yo fui educado por toda una reina. También me juré a mi mismo que sí lograba cumplir la hazaña de llegar a los Estados Unidos de Norte América, jamás iría a la dirección que dejó mi padre, a fin de cuentas, cualquiera haya sido su suerte, sinceramente, ya no !e importaba. Las frías gotas de lluvia, recorriendo todo mi cuerpo mientras intentaba desesperadamente cubrir a mi madre para evitar que se mojara, estaba completamente al tanto de sus problemas de salud, sabía que incluso el resfriado más insignificante, podría causar en ella un daño bastante considerable. Recuerdo el rostro de mi amada Virginia volteando a mirarme a cada instante sin emitir palabra alguna, pero era obvio que trataba de ocultar su miedo, estábamos en el medio del océano atlántico y el golfo de México, en el estrecho de la florida, sin chalecos salvavidas, sin un plan claro o un conocimiento experto en navegación marítima, con lo único que contábamos, era con unas breves instrucciones básicas que Isócrates me había impartido meses atrás. Él era el héroe, el hombre de los momentos apremiantes, era quien merecía estar aquí junto a su hija, rumbo hacía la tierra de sus sueños, no yo. Seguramente si fuera mi amigo quien estuviera aquí, piloteando esta nave, sabría que hacer, pero lamentablemente, yo no era él, no era Isócrates Campos, era un cobarde que en un ataque de pavor, metí a las dos mujeres que más amo en este mundo, en una muerte casi segura. Los vientos se hacían mucho más fuertes y golpeaban las incompletas velas de la balsa mientras estas se doblaban de una forma preocupante, mientras nos acercábamos cada vez más a la tormenta sin poder evitarlo. Era cómo estar dentro de una horrible pesadilla, de la cuál esperas despertar pronto. - ¿que debemos hacer? . - preguntó Virginia gritando en medio de los fuertes vientos, pero para mí todo parecía ocurrir en cámara lenta, su voz era cómo un eco lejanos el cuál a penas lograba entender debido al estruendo provocado por las indomables olas rompiendo unas con otras a una altura y velocidad impresionante. Comencé a recordar la primera vez que hablé con Isócrates, sobre su loco plan de llegar a Estados Unidos como balseros. Fue esa noche luego de la jornada laboral, cuando me llevó al pequeño local en la playa. En esa pequeña tienda, entre chatarras y cosas obsoletas.. Una enorme lona cubría, lo qué Isócrates luego describiría cómo, nuestro boleto a la libertad. Cuando ví la balsa de Isócrates por primera, recuerdo que dije "Si la construye Isócrates, es porque es ciento por ciento segura" ,y en qué, técnicamente si lo era, pero el destino traidor y su jugada de encargarían de destruir esos hermosos planes. - ¡esta es la brújula, siempre debe ir a dónde sea que te indique la aguja que está sitiado el norte, no puedes improvisar, esa es la oportunidad de oro, y en estos casos, nunca existe una segunda oportunidad, debe salir perfecto a la primera. - me dijo Isócrates Campos manipulando su brújula para que yo aprendiera. - ¿porqué me dices estas cosas Isócrates chico? , ¡se supone que serás tú quien conduzcas esa nave, yo no sé ni un cacahuete de esas cosas tú ve! . - le dije cerrando la brújula en sus manos. - ¡pero que cosa ma' grande chico, Aramis! , ¡chamaco pero atiendeme! , ¡estos viajes son muy peligrosos, son muchas las variables a las que estamos expuestos, es sólo en caso de qué, por cualquier situación, se den un escenario hipotético, dónde yo no pueda ir piloteando la balsa, necesito que tú sepas, al menos los principios básicos de un viaje marítimo. Es simple precaución . - me dijo Isócrates Campos, tal vez presintiendo algo, jamás lo sabré. - ¡chico pero no digas eso hombre, tú eres el bueno de la película, el héroe de la historia , y si algo he aprendido yo, es qué a los buenos nunca les pasa nada malo. No te preocupes, yo te prometo que ese día estaremos todos juntos en esa balsa, cantando de alegría y riendo porque ya no viviremos en miseria nunca más tú ve! , es más, te juro que yo llevaré los habanos para celebrar. - le dije abrazándolo del cuello y provocando que ambos expresaramos una sonrisa de agrado. Ese habano, ese mismo habano que le prometí a mi mejor amigo Isócrates Campos, jamás pudo, ni podrá ser encendido, ahora sólo era un grumo de hojas de tabaco en mi mano, estropeado por la fuerte lluvia torrencial que caía desde todas direcciones. Virginia continuaba gritando cosas que nunca pude oír, no pude si quiera adivinar lo que intentaba comunicarme, los rayos cegadores hicieron su infortunada aparición haciendo que no consiguiera escucha ni siquiera mis propios pensamientos. Mi madre abrazó con mucha fuerza mi cintura, era como si se estuviera resignando a un destino tan trágico, recuerdo que por un momento pensé en las miles de mini embarcaciones que debían encontrarse en el fondo de ese estrecho marítimo. ¿habrán sentido el mismo nudo en la garganta que yo en ese momento? , ¿sintieron esa asfixiante desesperación provocada por el hecho de verte incapaz de hacer algo para evitar una muerte inminente?. La base bajo nuestros pies se despegaba, puesto que era obvio que aún no se encontraba bien soldada de extremo a extremo, el agua rápidamente comenzó a subir hasta alcanzar la altura de nuestros tobillos, una ola de unos diez ocho metros de altura de presentó frente a la balsa amenazando con volcarla de un sólo golpe, todo pasó tan velozmente, a penas alcancé a bajar mi rostro esperando lo peor, pero la potente ola sólo sirvió para hundirnos un poco más, ahora el agua había subido su nivel llegando sorprendentemente a nuestras rodillas, recuerdo claramente tomar una soga y comenzar a atar cada extremo de la balsa en un intento desesperado por evitar que se terminada de hundir, en cierto modo lo logré, el agua ya no entraba con tanta rapidez a interior de la nave, al menos tengo la tranquilidad mental de qué hice todo a mi alcance para mantenernos a flote, pero inmediatamente entenderíamos que Dios, tenía otros planes para con nosotros. Una nueva ola apareció viniendo en dirección de nuestra balsa, era el doble de alta que la anterior, con una velocidad impresionante, pero en medio de todo ese caos y la amenaza de muerte que venía en contra con fuerza imparable, hubo un segundo cuando todo se detuvo, voltee a ver el hermoso rostro de mi amamda esposa por última vez mientras abrazaba fuertemente a mi madre y logré despedirme de ellas diciendo "las amo". Millones de litros de agua golpearon la improvisada embarcación con una potencia destructiva que jamás imaginé presenciar, todo quedó hecho añicos en cuestión de segundo, mi cuerpo salió expulsado como si me hubieran lanzado con mucha rabia al fondo del mar, por un momento, mientras descendía al fondo de esas aguas atlánticas, pude ver claramente un enorme puente que pendía sobre el mar dónde me estaba ahogando, una maravillosa obra de arte que iba de costa a costa, tal y cómo lo soñó mi mejor amigo Isócrates, fue exactamente la última cosa que ví antes de desamyarme dejándome arrastrar por la poderosa corriente hacia la oscuridad de un futuro incierto y una muerte, casi segura.
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