CAPÍTULO 16

1918 Words
Capitulo 16 Una un grano fuera del reloj de arena, una manzana que había caído distante de el árbol, el imbécil que por cobardía, expuso a su madre y esposa a una peligrosa aventura motivo por el cuál se encontraban actualmente desaparecidas. Estaba sólo, sin dinero, sin nadie conocido a quien poder pedir ayuda, la única ropa que me acompañaba, era la que me regalaron muy amablemente en el centro hospitalario, pero estaba de noche, llovía, y hacia bastante frío. El Hambre era realmente relativa, estaba acostumbrado a ella, eso no era algo que me preocupara, mi atención se centraba mucho más en un lugar en dónde dormir, un sitio cálido que me abrigara y me ayudara a no morir congelado. Sinceramente no sabría describir con palabras, la distancia que recorrí caminando, pero podría jurar que fueron kilómetros y kilómetros. Los zapatos que me habían regalado en el centro hospitalario, eran un número más pequeño de mi calzado real, lo que generaba que rasgara mi piel y provovaran dolorosas ampollas, que al reventarse me obligaron a parar en un lugar debajo de un puente, allí parado, sin saber a dónde ir, totalmente mojado, pude ver fuego en medio de la oscuridad, cálido, abrazador y privilegiado fuego, todo lo que necesitaba para que mi suerte comenzara a cambiar. Caminé hasta él, para darme cuenta que se trataba de un barril con llamas en su interior, cómo si alguien quemara algún tipo de basura, pero en este caso no había nadie cercano, sólo unas cajas de cartón, cortadas horizontalmente para hacer el papel de camas improvisadas. En ningún momento pensé en otra cosa que no fuera calentar mis heladas manos, al igual que todo mi cuerpo mojado por la lluvia y que temblaba de frío en medio de la inclemente noche lluviosa. Siempre amé la lluvia, toda mi vida fue mi clima favorito, sobretodo cuando llevábamos días sin energía eléctrica, y su agua nos servía para nuestras necesidades básicas. Tengo recuerdos de cuando era muy niño jugando bajo la lluvia, corriendo, bailando, me encantaba porque controlaba un poco el desesperante calor infernal de la isla, además, mi primer beso fue bajo la lluvia, con una niña llamada Ámbar, era mi compañera de clase. En Cuba, tenía razones para amar y adorar la lluvia, pero aquí, en los Estados Unidos de Norteamerica, la lluvia era mi enemiga, era una fuerza incontrolable que me había arrojado a un rincón oscuro e inhóspito, cómo si quisiera arrebatar de mí, la poca esperanza que me quedaba. Tenía algunos minutos de haber llegado, ya mis manos y ropa estaban calidas , cuando unos indigentes, tres de ellos para ser exactos, al parecer volvían a su hogar, hogar que obviamente, yo, estaba invadiendo. para ser sincero, sólo esperaba que se acercaran a mí, se comparecieran de mi triste historia y me ayudaran a seguir adelante, pero muy distinto a mis expectativa, uno de ellos rápidamente sacó una oxidada navaja de su vieja chaqueta rasgada por las ratas, para colocarse en modo defensivo y muy dispuesto a atacarme. Para mi sorpresa los tres eran latinos, así que obviamente hablaban español, eso fue de gran ayuda para mí, porque pude entender lo que me decían. - ¿quien eres men?, ¿quieres robar nuestras cosas?, ¡de aquí saldrás sin tripas! . - decía ese hombre con extraño acento que nunca había escuchado en mi vida mientras agitaba su navaja frente a mí. En ese momento estaba paralizado del miedo, era bastante irónico que fuera a morir de esa manera, lo peor es que nadie jamás sabría lo que me había pasado, nadie lloraría mi muerte, pues, ya no tenía ningún familiar vivo que se preocupara por mí. Era una situación bastante dramática. - ¡se equivoca señor,no tengo ninguna intención de robarlos, sólo me estaba congelando y pensé usar un poco de su fuego para calentarme, yo soy de Cuba, llegué a este lugar en una balsa, no tengo familia ni lugar a dónde ir, por favor le ruego no me haga nada. - le dije a ese mugriento sujeto con el arma blanca frente a mí y que me estaba amenazando de muerte. Los nervios me hacían temblar muchísimo, sólo podía reaccionar agitando mis palmas abiertas frente a aquel sujeto en señal de tregua. - ¡ese es el cuento más viejo del mundo, seguramente es un vulgar ladrón buscando aprovecharse de nosotros, vamos compañero , abre un enorme agujero en su estómago para que aprenda a respetar a las personas nobles cómo nosotros. - dijo uno de los otros dos vagabundos parados frente a mí. No sabia que decir, obviamente el miedo no me permitía pensar con claridad, era claro que me asustaba la idea de que ese hombre me apuñalara con su desgastada navaja, la cuál estaba tan oxidada, que si no me mataban las heridas, seguramente moriría de una infección. Acorralado e indefenso, sin saber que hacer o decir, por un momento me resigné a mi suerte y me dispuse a soportar las arremetidas de ese sucio sujeto cerrando fuertemente mis ojos. Pero al fin mi suerte parecía cambiar un poco. - ¡yo si le creo a este humilde hombre wey, ya basta, dejenlo quieto! , ¡pulgoso! , ¡ya estuvo bueno compadre, baja esa navaja! . - dijo el tercer vagabundo, el cuál parecía obviamente mucho más rescatado y coherente. - ¡no nos arruines la diversión Mauricio, tengo años que no sé que es matar a un pelagatos y ya tengo ganas de cortar esa racha! . - dijo "Pulgoso" mirándome con ojos de persona desquiciada mientras me continuaba apuntando con su cuchillo. - ¡puedes hacerlo mi chavo, pero con alguien que represente una verdadera amenaza para nosotros. Este pobre hombre se nota a kilómetros, que apenas si puede mantenerse en pie. - dijo el sujeto llamado Mauricio acercándose a el "Pulgoso" y quitándole lentamente la oxidada navaja de sus manos. - ¡muy bien! , ¡ya que todos estamos calmados, podemos presentarnos como personas civilizadas, mucho gusto, soy Mauricio Restrefo, vengo de México, ellos son mis amigos, el "Pulgoso" y el "Tuercas" ambos vienen del salvador, y cómo podrás imaginar, vivimos en este lugar bajo el puente. ¿cuál es tu nombre y que haces aquí? . - dijo ese agradable sujeto llamado Mauricio sentándose tranquilamente a mi lado. - ¡mi nnombre es . . . yo me llamo, Aramis Chapman, vengo de Cuba cómo ya les dije y estoy aquí buscando una mejor vida . - dije temeroso sin dejar de ver al "Pulgoso" que no dejaba de mirarme sonriendo maquiavélicamente. Ellos estallaron en carcajadas al escuchar mi explicación, reían cómo si les hubiese contado el mejor chiste de sus vidas. - (risas) ¡otra vez el bendito sueño americano haciendo enloquecer a los pobres que sufren en suelo latino, (risas) cuate, nosotros llevamos meses, en este país tratando de conseguir un pinche empleo miserable, pero nadie quieren contratarnos. - dijo Mauricio destapando una botella de alcohol muy barato, tomando un enorme trago y ofreciendo humildemente un trago aunque continuaba siendo un total desconocido. - ¿no quieren contratarlos? , ¡no entiendo! , ¿eso porque chico? . - pregunté ingenuamente mientras aceptaba ese trago que tanto me hacía falta. - ¡pos obvio Aramis! , ¡ellos ambos son negros y latinos, yo tengo mi cara de mexicano que se reconoce a leguas, si a eso le sumamos el hecho que somos indocumentados, allí tienes tu explicación . - respondió Mauricio mirando al vacío, la sonrisa había desaparecido de su rostro. - ¡te pido disculpas por querer asesinarte Aramis, ya veo que eres igual que nosotros, sólo una persona asustada que busca un destino mejor. - dijo el "Pulgoso" extendiendo su mano para estrechar la mía. - ¡en fin! , ¡debes de estar hambriento! , ¡nostros hicimos un recorrido por todos los recipientes de basura y encontramos un magnífico botín, seguramente podremos compartir un poco contigo . - dijo Mauricio abriendo una bolsa y dentro ella había muchos restos de productos a medio comer, hamburguesas, salchichas, manzanas. - ¿de verdad esto lo sacaron de un recipiente de basura? . - pregunté asombrado. - ¡claro Aramis, bienvenido al primer mundo, aquí las personas desechan la comida como si fuese basura. - dijo el "Pulgoso" comiendo gustosamente una salchicha a medio comer. Tomé la mitad de una hamburguesa y tardé algunos segundos observándola, en ese momento recordé, la última noche pacífica que pude pasar junto a Virginia, acabábamos de hacer el amor y ella se encontraba sobre mí descansando en mi pecho cuando su estómago rugió de hambre. - ¡muero de hambre, me encantaría comer una hamburguesa, sólo he comido una en mi vida y fue cuando era niña, papá tenía un buen empleo, por eso podíamos darnos esos lujos. - dijo mi amada esposa Virginia con su cabeza apoyada en mi pecho bajo la luz de la luna acostados bajo el muelle de la Habana. - ¡lamento mucho no tener el dinero suficiente para darte todas las cosas que tú te mereces en esta vida Virginia, yo sé que no puedes vivir sólo de amor! , ¡te diré que haremos, a final de mes, cuando al fin logre salir de algunas deudas, te compraré la hamburguesa más jugosa y exquisita de toda la isla, además, cuando lleguemos a los Estados Unidos, trabajé muy duro para darte todo lo que me pidas . - le dije acariciando su cabello y abrazándola fuertemente. Es increíble pensar qué ese final de mes jamás llegó, esa hamburguesa nunca fue comprada y esa llegada a Estados Unidos no fue para nada como la sonábamos, en ese momento sentí mucha melancolía, hubiera dado mi vida por tener a mi esposa junto a mí degustando ese trozo de hamburguesa, es en ese tipo de situaciones en las cuales aprendes a apreciar hasta el detalles más insignificante. Luego de comer un poco, mis nuevos amigos se quedaron dormidos rápidamente, a mí me costo mucho más conciliar el sueño, pero finalmente pude caer rendido en los brazos de morfeo, tal vez por lo debí que aún seguía. De manera inmediata comencé a tener pesadillas con el viaje fallido y el naufragio dónde perdí rastro de las dos mujeres que más amo en mi vida, era cómo si estuviera viviendo una vez más, todo lo ya ocurrido. Mauricio interrumpió mi sueño de manera abrupta, despertándome inmediatamente sacudiendo mi cuerpo muy fuertemente. - ¡corre por tu vida Aramis! . - me dijo apenas abrí mis ojos y luego comenzó a correr cómo loco. Yo no entendía lo que pasaba, pro tampoco tenía ganas de quedarme para averiguarlo, varios vagabundos e indigentes corrían también a mi lado, desesperados buscando un mejor escondite, yo movía mis piernas lo más fuerte que podía, gracias a Dios años de jugar béisbol en la isla, me habían dotado una muy buena velocidad, así que pude alcanzar fácilmente a Mauricio quien me mostró dónde podíamos escondernos. - ¿que diablos pasa Mauricio? . - pregunté muerto del miedo mientras Mauricio sólo me hacia señas para que me callara. - ¡tienen al "Pulgoso"! . - dijo el "Tuercas" casi llorando pero en baja voz. - ¿quienes, quienes tienen al "Pulgoso"? . - pregunté antes de levantar mi mirada para ver a la lejanía varias personas vestidas completamente de blanco y golpeando brutalmente al "Tuercas" con un bate de béisbol.
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