Capítulo 15
Pase otro día sedado e inconsciente, teniendo pesadillas al mejor estilos de recuerdos traumáticos de mi niñez y toda la vida que pasé en Cuba. Las enfermeras del centro hospitalario dónde me encontraba, me atendieron muy bien, tuvieron que pasar otros dos días más para que pudiera estar completamente sanado, nunca dejé de preguntar por mi mamá y Virginia, pero siempre obtenía el mismo resultado, cada vez, terminaba alterado por ende recibía una dosis de ese calmante que me desconectaba del mundo automáticamente. Finalmente, llegó el día que me encontraba total sano y listo para ser dado de alta, una gran incertidumbre recorría mi cuerpo, no sabía a dónde podía ir, no tenía un familiar o alguien conocido qué pudiera recibirme, de momento recordé claramente la dirección en la cuál, posiblemente, estaría viviendo mi padre.
Era el año 1969, Cuba era una isla muy caótica debido a los ataques casuales ordenados desde Estados Unidos, las costas eran demasiado peligrosas para pescar y los campos no eran lo suficientemente seguros puesto que se temía una posible interacción americana, muchas personas murieron de hambre ese año, injustamente, esos ataques que supuestamente eran para salvar al pueblo cubano, terminaban dejándonos sin comida en la mesa. Pero a la cruel y desalmada diplomacia, eso poco le importaba, fue en esa época cuando mi papá encontró la excusa perfecta para salir de la isla junto a su mejor amigo Andrés, ellos siempre fueron muy unidos, también bastante íntimos, papá toda la vida prefirió compartir con su compañero de borracheras, antes de nosotros. Esa mañana, llegó a casa sin previo aviso, sorprendiéndonos con la inesperada noticia de su partida hacia los Estados Unidos de Norteamerica. Recuerdo estar destrozado, mi corazón completamente roto, nunca antes había estado lejos de papá o mamá, tenía solo doce años, y como cualquier niño, tenía el deseo de qué mis padres duraran toda la vida juntos, pero pronto entendería que nunca las cosas suceden cómo uno desea.
Allí se encontraba Don Emilio Chapman, hombre de mil mujeres, noches de borracheras interminables y regio hasta más no poder, se despedía de mí parado en la puerta de nuestra casa sin intención al menos de pasar, sólo de pies firmemente junto a su mejor amigo Andrés, ambos con mochilas en sus hombros, vestimentas muy distintas a las acostumbradas por ellos y una actitud muy sospechosa.
- ¡ven acá pequeño Aramis! . - dijo mi padre colocando su mochila momentáneamente sobre la superficie arenosa que suponía nuestro patio.
Era primera en vez que el señor Don Emilio Chapman, mi padre, me llamaba de una manera cariñosa, todo era realmente confuso para mí, no lograba entender nada de lo que estaba sucediendo, tampoco entendía porque mi madre no tenía intención de salir a despedirse, sólo se ocultaba tras la puerta, era como si sintiera rencor o desprecio hacia su esposo. ¿tal vez por todos los maltratos? , ¿tal vez no tenía las fuerzas para decirle "Adiós"?, o ¿ había una razón mucho más sorprendente,la cuál yo desconocía?.
Como ya dije, todo era muy confuso para mí. Solamente voltie a ver el rostro de mi madre, quien lloraba en silencio detrás de la puerta, ella consintió mi salida de la casa con un ligero movimiento de la cabeza, salí lentamente caminando en dirección de mi padre y aquél extraño sujeto. Rápidamente noté qué el fuerte olor a ron había desaparecido, ahora una exquisita fragancia a perfume lo acompañaba misteriosamente, ver para creer, el machista hombre rudo conquistador de miles de mujeres, ¿usando un perfume tan "ligerito"? realmente increíble.
- ¿a dónde vas papá? . - le pregunté con mucho temor de provocar su acostumbrado mal humor y por ende recibir algún golpe cómo siempre. Pero no, sorprendentemente esta vez sólo tomó mis hombros y respondió.
- me iré a los Estados Unidos de norteamerica hijo, allá podré trabajar, establecer una condiciones dignas de vidas y luego podré venir nuevamente por ustedes, los buscaré, para llevarlos conmigo a una nueva vida totalmente diferente a este infierno, sólo necesito que seas muy fuerte, y cuides de tu mamá, hasta que yo vuelva, tú quedarás a cargo cómo el hombre de la casa, hazme sentir orgulloso pequeño Aramis. ojalá algún día me puedan perdonar. - dijo miemtras una lágrima brotaba y caía resbalando a lo largo de su mejilla.
Nunca en mi vida imaginé que llegaría el día cuando vería a mi padre llorar, pero finalmente lo estaba presenciando, pero para ser sinceros no lo disfruté ni un poco. Siempre había deseado verlo así, llorando y suplicando nuestro perdón, pero ahora que lo estaba mirando, no sentí alivio, ni mucho menos una mejora, al contrario, sentía lastima por él.
- ¿podrías dejar una dirección? . - pregunté por curiosidad. Si no volvería a ver a mi padre, al menos me gustaría saber dónde estaría.
- ¡estaré viviendo junto a mi mejor amigo Andrés, en la casa número 63 de la calle san marino, en Miami. Allá vive su padre, nos darán la maravillosa oportunidad de trabajar para independizarnos lo más pronto posible,será entonces cuando vuelva por ustedes, se los prometo . . . un año . . . un año es lo único que pido para reencontrarnos . - dijo mi padre dándome el único abrazo que recuerdo, me haya dado en toda mi vida.
- ¡un año es mucho tiempo papá! , ¿y si olvidas cómo regresar? . - pregunté sin poder resistir el llanto que comenzó a brotar desde mi garganta.
- ¡es una promesa hijo, no los olvidaré, me puedes esperar contando los días, exactamente dentro de un año estaré aquí en este mismo lugar tomando tu mano y la de tu madre para subir a una balsa . - dijo mi padre secando mis lágrimas con su mano derecha.
Y realmente lo hice, marqué con un calendario cada día dibujado en él, pero, ese año se convirtió en dos años, esos dos años pasaron a ser cuatro años y finalmente llegamos a la actualidad, han pasado casi nueve años desde aquella promesa vacía, pero repleta de lágrimas falsas y nunca más volví a ver su rostro. Es difícil odiarlo, sabiendo la alta probabilidad de qué se haya ahogado en el viaje marítimo.
Pero hubo algo de esa despedida, qué jamás podré olvidar. Puesto que les debo confesar, ese primer año, realmente pensé que mi padre volvería por nosotros, a todos mis compañeros le comentaba sobre la vida maravillosa que aguardaba para mí y mi feliz familia en ese país, obviamente mi madre quería hacerme entrar en razón, lo único que deseaba eran hacer que entendiera la cruda realidad de el asunto, el señor Don Emilio Chapman, no iba a volver. Cómo todo niño, ingenuamente decidí creer ciegamente a pesar de todas las voces que me advertían de mi error. Repetía hasta el cansancio la dirección en la que supuestamente mi padre estaría trabajando fuertemente para comprar nuestra casa, y finalmente volver por nosotros, su familia. Le decía a todo aquel que se atreviera a dudar de la promesa de mi padre,cosas cómo: "Él volverá, ya lo verán, y cuando regresé, todos ustedes le deberán una disculpa por no confiar en su palabra".
Sería luego de dos años y en una situación de hambre extrema, cuándo me tocó trabajar muy duro en las siembras de los vecinos para evitar que mi madre y yo perdiéramos la vida a causa de la hambruna tan severa que estábamos pasando, cuando finalmente entendí la realidad, es indescriptible ese sentimiento de decepción, cuando te das cuenta que todos tenían razón acerca de una persona a la cuál defendías a capa y espada. Pero esa dirección quedó grabada en mi mente para siempre.
Pero por razones de orgullo y de ética, me prometí a mí mismo, qué si conseguía lograr la increíble hazaña de llegar vivo a los Estados Unidos, nunca iría a esa dirección a buscar a mi padre, eso sería cómo darle una bofetada a todo el sufrimiento que pasé en esta vida por su culpa.
El día que me dieron de alta en ese centro hospitalario, fue una verdadera mezclas de sentimientos nuevos para mí, en mi vida conocí el hambre, supe lo que se siente vivir en la oscuridad por días debido al deficiente servicio eléctrico en la isla, también observé cara a cara el demacrado rostro de la injusticia cuando los auto proclamados defensores del pueblo cubano arremetían en las casas de las personas para tomar cualquier cosa que desearan, y sin la menor posibilidad de oponerme. Conocí todas edad atrocidades y mucho más en la isla, pero nunca sentí esa horrible ansiedad por no saber a dónde ir, dónde dormir. Estar perdido, era totalmente nuevo para mí.
La primera cosa que hice apenas salí del hospital, fue irme directo a todas las autoridades posible a buscar cualquier información acerca de Virginia y mi madre, alguna pista, por más insignificante que pareciera, en ese momento, para mí, hubiese sido la gloria. Pero nadie sabía nada de ellas, ni siquiera la guardia costera las había visto, era cómo si el mar se las hubiera tragado, la frustración que recorría mi frente era desesperante, el sentimiento de incapacidad invadía mi cuerpo. Unas ganas enorme de saltar al mar y buscarlas yo mismo llegaron a mi mente, hicieron falta dos hombres para contenerme, quise luchar, ganar el forcejeo contra esos sujetos y lanzarme a las aguas, pero continuaba bastante exhausto por loa días de deshidratación en mar abierto. Sólo pude arrojarme al suelo y llorar, llorar cómo nunca lo hice en no vida, sentía que les había fallado a todos, a mi mejor amigo Isócrates, a mi madre enferma, a mi inocente esposa. Todos confiaban en mí, y les fallé cobardemente, ahora sólo era un completo desconocido acostado en una calle de un país ajeno, llorando desconsoladamente mientras decenas de agentes policiales me observaban sin lograr entender nada de lo que estaba pasando.