CAPÍTULO 6

1847 Words
CAPÍTULO 6 Todo mi esfuerzo, todos mi anhelos, toda posibilidad que pudiera tener con Virginia, la mujer de mis sueños, todo eso dependía de mi respuesta a esa incomoda pregunta, así que debía ser muy suspicaz, pensar muy bien lo que iba a decir, puesto que no quería quedar mal, pero, ¿que podía decir para no lucir como un acosador y que a la vez me permitiera conservar mi estatus como el héroe que acababa de salvar su vida?. ¡vamos trabaja rápido! , le ordenaba a mi cerebro para que procesara una respuesta elocuente lo más pronto posible, pero los segundos pasaban y no se me ocurría nada, solo estaba allí parado frente a esta hermosa mujer completamente callado como un idiota, y para colmo de males, no paraba de sudar, pero gracias a que mi piel seguía mojada con el agua de la playa, tal vez así podría disimular, al menos ese aspecto. Ella sigue ahí esperando una respuesta, pero no tengo nada inteligente que decir. - ¡bueno no te preocupes, al menos te has portado como un caballero conmigo y eso me gusta . - dijo Virginia muy amablemente para mi tranquilidad, siendo sincero, fue como si mi alma hubiera salido de mi cuerpo y vuelto a entrar en él. - (suspiro) es un gran alivio para mí que no me juzgues por ese pequeño incidente en el río, te juro que no sabía que estabas allí . - respondí tímidamente aunque bastante aliviado. - ¡los hombres siempre me admiran por mi figura, por las curvas y atributos físicos, pero es primera vez que alguno, hace algo realmente importante por mí, aún sigo completamente impresionada. - expresó Virginia, pude darme cuenta rápidamente que también se encontraba nerviosa. - ¡Virginia, aún no lo sabes. Pero eres la mujer de mis sueños, desde que te ví por primera vez, lo supe inmediatamente. Nunca en mi vida había estado tan seguro de algo como lo estoy de esto. - le dije tiernamente tomando su mano, no podía creerlo. Al fin había perdido el miedo a hablar con el corazón. El momento era perfecto, el sol deslumbrando con su eterno resplandor sobre la hermosa playa paradisíaca en la que nos encontrábamos. Las suaves olas bañando la arena con su exquisita espuma salada producida por el choque inevitable de la incesante marea mientras dejaba escuchar ese icónico sonido que refresca el alma. Por un segundo pensé que nada podría dañar ese momento, pero la felicidad de un pobre depende de la suerte, y yo en lo particular, siempre fuí una persona muy desafortunada. En este caso era mi jefe quien pinchaba la burbuja de cuentos de hadas gritando mi nombre desde la distancia aparentemente muy enojado, nuestro empleador para esa época se llamaba Ernesto Veliz, era todo un cascarrabias a pesar de su edad, siempre estaba de mal humor y con cara de pocos amigos. Fiel adulador de la revolución cubana, gracias a eso había logrado llegar hasta ese puesto de supervisor aún sin siquiera saber absolutamente nada de ingenería civil. Siempre tuvo una rencilla muy marcada aunque discreta para conmigo y mi compañero de trabajo y amigo Isócrates, nunca dejaba pasar una oportunidad de tratarnos con rabia, debido a que sospechaba de nuestro odio en contra del gobierno, y eso para una persona aduladora como Ernesto Veliz, era totalmente inaceptable. - ¡debo irme, mi jefe me está llamando! , ¿cúando te volveré a ver? . - pregunté rápidamente haciendo segundos mientras caminaba lentamente. - ¡vivo en la calle "Fermín" a dos cuadras del río dónde me estabas espiando! (Risas) . - respondió Virginia con una dulzura tan exquisita, su coqueteo era droga para mis sentidos. La percepción de el espacio tiempo cambiaba cada vez que la tenía cerca. Era toda una diosa, era mi musa, mi Virginia. - ¡iré hoy mismo en la noche a visitarte! , ¡lo prometo! . - le dije sin dejar de caminar en dirección hacía mi puesto de trabajo avergonzado por los exagerados gritos que pronunciaba el viejo cascarrabias de mi jefe. Ella se marchó lentamente con su vestido aún mojado, pero a salvo, incluso dar mi vida a cambio de la suya, hubiera valido la pena con tal de ver esa sonrisa tan espectacular, en el mundo en el cuál vivía, un mundo lleno de odio, bloqueos, sanciones y rencores por tradición, hacia falta una sonrisa como la de Virginia, capaz de hacerte olvidar todas las cosas malas que pudieron haberte pasado durante tu día. En ese momento sentí que salvándole la vida, de alguna manera, ayudaba a que este planeta fuera mucho más hermoso. También recuerdo esa incómoda caminata corta hasta el lugar en dónde me esperaba el infame supervisor Ernesto Veliz, trataba de acortar mis pasos, como quien no quiere llegar a un lugar, allí me encontraba, caminando cabizbajo temiendo que me espera un enorme y prepotente regaño de este hombre, al cuál le encantaba hacer provecho de su puesto para humillar a las personas. Pero para ser sincero, lo que estaba a punto de decirme, de verdad que no me lo esperaba. - ¡Aramis Chapman, usted está despedido! , ¡por favor desaloje el área, que hasta hoy trabaja usted en este lugar . - dijo el despreciable Ernesto Veliz con mucho gusto, podía sentir como disfrutaba vilmente con la notificación que me hacia llegar. - ¿como puede decir eso señor Veliz? , ¡esto es realmente injusto, solamente me fui por unos minutos! . - repliqué inmediatamente, ya qué, cómo era obvio, estaba en total desacuerdo con su decisión. - ¡no pienso discutir con un simple obrero, eso sería rebajarme a tu nivel . - dijo Ernesto Veliz siendo muy hiriente con sus palabras, pero era evidente que se disfrutaba lo que estaba haciendo. - ¡yo si estoy dispuesto a rebajarme como ingeniero para discutir con un supervisor abusivo y desconsiderado . - dijo mi mejor amigo Isócrates Campos, ingeniero civil a cargo de la obra que llevábamos a cabo. Ernesto Veliz no se esperaba que alguien saliera en mi defensa y mucho menos que fuera el jefe de la obra. Nunca fue a una universidad, jamás obtuvo un diploma en su vida, pero sus conocimientos para la construcción sobrepasaban los de cualquiera en toda la isla, fue así que logró hacerse con esta importante responsabilidad a pesar de no contar oficialmente con un título. siempre lo admiré, era una persona realmente impresionante, podía inspirarte para que lograras cosas que creías imposible, también era de esos amigos que nunca te abandonan y que están dispuesto a sacrificarse con la intensión de ayudarte, ese fue mi mejor amigo, mi maestro de vida, hombre que sembró en mi la idea de un puente de 90 millas. - ¡este problema no es contigo Isócrates, así que no te metas! . - respondió el supervisor Ernesto Veliz bajando un poco sus ínfulas. - ¡usted, señor. Se está metiendo con mi mejor amigo, lo que tenga que ver con Aramis Chapman, tiene que ver conmigo, así que le sugiero que reconsidere su decisión, porque le aseguro que comete una enorme equivocación . - respondió Isócrates de manera muy regia e imponente colocándose frente al despreciable supervisor Veliz tratando de defenderme como siempre lo hizo. - ¡solo queda un mes de trabajo y noto que estamos un poco excedidos de personal, además el presupuesto para esta obra podría estar un poco sobre girado, esto es una situación muy delicada de la cual debemos cuidarnos, por lo tanto he tomado esta decisión, puesto que estoy completamente seguro de que podemos terminar la obra sin el señor Aramis Chapman. - alegó Ernesto Veliz manteniéndose firme en su decisión de despedirme. - ¡si, claro. Seguramente puedes terminar esta obra sin mi mejor amigo tú ve, pero dudo mucho que puedas terminarla sin mí. Así que tienes cinco minutos para cambiar de decisión, o. Tendrás que explicarle a tus superiores porque, el ingeniero civil, que tanto trabajo les costó convencer para que aceptara el proyecto, decidió renunciar de la noche a la mañana chico y ese mambo, ese mambo si es verdad que no te recomiendo bailarlo "compai" . - afirmó Isócrates también trazando una postura definitiva ante el injustificable comportamiento de este ser despreciable. - ¡oye chico, pero atiendeme, cosa ma' grande. No es necesario llegar a eso extremo mi n***o, vamos a tomar las cosas con calmita, mejor nos relajamos y pensamos mejor las cosas con cabeza fría! , ¿no te parece mejor? . - expresó el astuto supervisor Ernesto Veliz sabiendo que tenía todas las de perder. - ¡este hombre dónde usted lo ve allí parado, es todo un héroe verdadero! , acaba de salvar, con mucha valentía y con gallardía inigualable, a una compatriota cubana, de las garras de un temible agresor! , ¡esas son el tipo de cosas que deben ser aplaudidas en este país! , ¡Aramis, merece ser tratado como lo que es, un héroe, no es justo que venga usted con sus ínfulas de realeza a querer tratarlo como perro mugriento. - dijo mi mejor amigo Isócrates con mucho énfasis en sus palabras. Era ese tipo de sujeto que se hacía oir cuando lo necesitaba. - ¡bueno, supongo qué . . . (suspiro) , no hay nada más que hablar, Aramis, puedes volver tranquilamente a tu puesto de trabajo . - dijo el avergonzado supervisor Veliz señalando con su mano mi puesto de trabajo para luego marcharse cabizbajo y sin emitir palabra alguna. - ¡oye chico muchas gracias, de verdad que no tengo como pagarte las miles de veces que me has salvado! , ese hombre quería echarme a como diera lugar . - le comenté a Isócrates en baja voz mientras Ernesto Veliz se alejaba del área. - ¡tranquilo chico, somos un equipo, y trabajos juntos o no trabajábamos, así de sencillo! , ¡oye! , ¿y que se hizo Virginia? . - preguntó Isócrates extrañado. - ¡que bueno que menciones lo de el equipo mi hermano! , ¡prepararte, porque esta noche llevaremos una serenata tú ve! . - le dije a Isócrates quien quedó, aún, mucho más extrañado. Amelia Campos terminaba de bañarse, acababa de llegar de la escuela así que decidió tomar una ducha antes de comenzar los quehaceres del hogar. De pronto, de manera inesperada comenzaron a tocar la puerta, eran golpes fuertes. ¿mi padre no toca la puerta así? , ¡además, es muy temprano para que haya regresado del trabajo! , se dijo Amelia así misma, salió del baño, se colocó su paño blanco de manera que cubriera su voluptuoso cuerpo de mujer adulta, aunque seguía siendo sólo una niña. - ¡voy, espere un momento! . - gritaba Amelia acercándose a la puerta mientras continuaban tocando fuertemente. Amelia abrió su puerta para llevarse un susto casi mortal. - ¡hola Amelia! . - dijo el militar Joaquín Perez con una espeluznante sonrisa en su rostro.
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