CAPÍTULO 7

1993 Words
El día que Amelia conoció a Joaquín Perez, siempre lo he considerado como el día en el que comenzó toda mi desgracia. Es realmente triste para mí, recordar todos estos sucesos que marcaron la vida de una pobre niña, la cual su único pecado fue haber desarrollado un hermoso cuerpo, esto atrajo hacía ella, peligrosos tiburones que la acechaban a la distancia, esperando el momento indicado para atacar, como la flor que nace en el fango más oscuro, jamás podrá evitar manchar sus pétalos, y esto tarde o temprano, terminará marchitando su belleza. Yo conocí en persona a la niña Amelia Campos, de ella puedo decir que era una nena muy dulce que soñaba con ser modelo, fue una enamorada de los animales, incluso recuerdo una ocasión cuando rescató a un gato herido de la calle, salvándolo de morir de hambre, con mucha paciencia, curó sus heridas y no descansó hasta verlo completamente sano. Ahora bien, viene la parte que más me duele contar de esta historia, resulta que esa misma niña tierna de 15 años, con grandes sueños y meta, al igual de grande que su corazón, se encontraba en el baño de su casa llorando desconsoladamente mientras trataba de lavar su entrepierna manchada con sangre estando desnuda en el baño de su casa, a medida que el agua se llevaba la suciedad física de su cuerpo, la sensación de asco y la mentalidad de odio junto con una impotencia abrumadora, no se iban, ni se irían jamás. El recuerdo de lo que acababa de pasar la atormentaba como un ave carroñera perturba a su víctima hasta que devora su carne putrefacta. Esto fue lo que pasó, la pequeña Amelia desapercibida del enorme peligro que corría, abrió la puerta de su casa, fue una niña que nunca antes había presenciado la maldad, ¿cómo iba a saber que en este mundo hay personas que sólo se inspiran para hacer daño a otros seres?. - ¡estoy por aquí en un operativo, y me encuentro muy sediento! , ¿podrías por favor regalarme un vaso con agua? . - dijo el soldado Joaquín Perez después de saludarla muy cordialmente. - ¡con mucho gusto señor oficial! , . - dijo la joven Amelia antes de darse media vuelta para ir a buscar un poco de agua. Nunca imaginó que aquel sujeto que decía ser un hombre cumplidor de la ley la tomaría fuertemente con sus brazos sorprendiéndola por la espalda, ese nauseabundo olor a licor barato quemaba el olfato de la joven Amelia quien gritaba aterrada. - ¡suelteme! , ¿qué hace? , ¡déjeme ir hombre desagradable! . - decía Amelia completamente asustada intentando zafarse de los brazos que la sostenían fuertemente. Ese era el recuerdo que no dejaba de dar vueltas en la cabeza de esta adolescente que ahora yacía sentada totalmente desnuda en el piso de su baño mientras el agua de la regadera caía sobre ella, pero aún así no reaccionaba, continuaba inexpresiva, sus lágrimas se confundían con las gotas que emergían de la ducha, el dolor en sus partes privada era realmente fuerte, pero no provocaba tanto sufrimiento como el dolor mental, ese sentimiento asfixiante de rabia en contra de la persona que la dañó mezclado con incertidumbre de no saber porque lo hizo y tampoco saber lo que le esperaba de ahora en adelante. El próximo recuerdo de la experiencia reciente en llegar a su mente, era el peor de todos, como un rayo de atrocidad que erizaba todo su cuerpo con un espeluznante escalofrío. El soldado Joaquín Perez totalmente desnudo sobre ella empujando su cuerpo contra el suyo, en la misma cama dónde Amelia dormía. El asqueroso sudor mojando la cara de Amelia quien no podía gritar puesto que su boca se encontraba obstaculizada por la mano de este desagradable ser humano que se hacía llamar defensor de la justicia, es increíblemente irónico pensar, qué la misma acción que genera placer al violador, le provoque tanto dolor a la víctima. ¿Recuerdan cuando les dije que yo conocí a Amelia Campos? , ¡no les mentí! , fue una gran amiga, no se merecía nada de lo qué le pasó, han pasado tantos años de ese lamentable suceso, pero creo que jamás dejaré de sentirme perturbado, la joven Amelia, siempre comentaba a su padre en mi presencia que llegaría virgen al matrimonio, pero esa bonita manera de mirar la vida, Joaquín Perez la acababa de destruir por completo. No conforme con eso, decidió vilmente también violarla por otra de sus partes privadas. ¿cómo es alguien capaz de realizar tanta maldad? , ¿es posible que realmente existan personas tan deplorables en este mundo?. Las lágrimas brotaban de sus ojos mientras la mano apestosa con un fuerte aroma a alcohol ahogaba sus gritos. Al terminar con su corbarde acto de decadencia humana, simplemente se levantó, tomó su uniforme tirado por todo el piso de la habitación y comenzó a vestirse con esa sonrisa sínica en su rostro, había conseguido salirse con la suya, fue mucho más fácil de lo que pensó, Amelia se retorcía en su cama debido a un dolor que nunca antes había sin siquiera imaginado. Joaquín Perez tomó su armamento reglamentario y retrajo la parte posterior de su arma de fuego dejándola cargada, totalmente lista para disparar, apuntó a la joven directo a la cara, Amelia sólo veía el cañón de la pistola, acostada allí, inerte e inexpresiva, el pánico la había congelado, por primera vez en su existencia, sabía lo que era temer por su vida. El soldado ejemplar, perteneciente a la revolución cubana, respetado y temido por muchos, se acercó a la indefensa adolescente con su arma en la mano, le dijo. - ¡abre la boca hija de perra! . - Amelia accedió a abrir su boca lentamente y temblando de miedo, este patán metió el cañón de la pistola en el interior de su boca. - ¡si te atreves a decir una sola palabra de esto, no sólo te voy a matar a ti. También voy a matar al imbécil de tu papá, sé que se llama Isócrates Campos, también sé exactamente dónde trabaja, así qué, confio en que eres una niñita muy inteligente y mantendrás tu boca cerrada, porque . . . ¡en boca cerrada, no entran balas! . - dijo el horrendo sujeto armado en el cuarto de una joven indefensa la cuál no era capaz de tan siquiera emitir una palabra, el pánico acumulado en su garganta no le permitía siquiera respirar. Sacó su arma de fuego del interior de la boca de Amelia, y parecía al fin decidido a marcharse. Cuando regresó por un segundo para decir una última cosita que había olvidado. - ¡por cierto Amelia, a partir de hoy, eres mi amante. Serás mía cada vez que yo quiera, en el lugar que yo quiera y de la manera que yo lo desee! , ¿te queda claro? . - dijo Joaquín Perez destrozando el mínimo espacio de integridad que quedaba en Amelia. - ¡bueno, me alegra que lo entiendas! , ¡hasta luego . . . mi amor! (Beso). - dijo sarcásticamente Joaquín Perez lanzando un beso de despedida. La noche caía lentamente sobre el cielo de la isla, mi mejor amigo Isócrates se preparaba cautelosamente en su casa, él era sin duda alguna el mejor guitarrista que he conocido en mi vida, lo que podía hacer con las cuerdas de una guitarra española, era simplemente asombroso, tenía una magia natural para hacer llorar este instrumento musical, en el ritmo que deseara. ¿quien mejor que mi buen amigo Isócrates para llevar una dulce serenata a mi amada Virginia?, recuerdo pararme frente al único espejo que había en mi casa, un cristal roto por uno de sus lados era el reflejante perfecto para practicar la canción que interpretaría para la mujer de mi sueños, el amor de mi vida, la persona por la cuál nadé varios kilómetros de distancia e invadir un barco privado, ella, Virginia, el viento que hacía girar el molino de mi corazón. Luego de un par de ensayos fallido, me encontraba totalmente listo para el show, a fin de cuentas, nunca fui un buen cantante, pero estaba seguro que con la voz que tenía sería suficiente para cautivar a mi amada. La mayor parte de mi tiempo la utilicé quitándole una horrible mancha a un traje viejo, el cuál era mi mejor vestimenta para una ocasión tan especial, no contaba con ningún tipo de perfume, así qué las flores serían ese aromatizante que me brindarían una fragancia interesante y llamativa. Peinar mi cabello con un poco de agua también fue tarea sencilla, lo más difícil fue convencer a mi madre de tranquilizarse por mi salida, ella siempre se ponía nerviosa cuando salía de casa por las noches, temía que algo malo me pasara. Pero no mamá, ese día nada podía salirme mal, esa noche estaba completamente enfocado en terminar de entrar definitivamente en el corazón de Virginia. Pasé por la casa de mi mejor amigo Isócrates con mi guitarra en las manos, al salir Isócrates de su casa, noté algo muy extraño que traía en sus manos, un recipiente grande de vidrio repleto de luciérnagas, en su otra mano cierta cantidad de frascos pequeños, también de vidrio. - ¿oye chico, y para que son esas cositas?, ¡Es una serenata, no la búsqueda de un fugitivo! . - le dije en forma de broma. - ¡ya verás mi hermano, terminarás agradeciéndome! . - respondió Isócrates con mucha seguridad. - ¿y porque todo se encuentra tan callado? , ¿dónde está Amelia? . - pregunté un poco extrañado. - ¡oye chico, no tengo idea de lo que le pasa a esa niña, está encerrada en su cuarto y no ha querido salir ni siquiera a comer! , ¡cada día entiendo menos a esa niña! . expresó Isócrates con cierta intriga. - ¡posiblemente sea por algún novio de la escuela Isócrates, estas cosas siempre pasan y son muy común chico! , ¡lo mejor es que le des su espacio, ya verás que mañana regresará a su normalidad. - ¡bueno, será mejor que ese "novio" no se le ocurra ponerle una mano encima a mi hija, porque te aseguro que soy capaz de matar a cualquiera que se atreva a hacerle daño a mi dulce Amelia. - dijo Isócrates Campos con mucha seguridad. Cuando nos marchamos rumbo a nuestra gran aventura de ese día, la joven Amelia Campos aún aterrada y temblando de miedo fue rápidamente a cerrar la puerta de su casa con una enorme cadena para mayor seguridad, luego de eso se escondió debajo de su cama. Caminamos durante media hora, cargando las cientos de luciérnagas, los envases de vidrio y mi guitarra. Pero finalmente llegamos a la casa que nos dijeron, era la de Virginia, una casa muy parecida a la mía, bastante humilde pero digna. Hicimos un pequeño análisis a la vivienda y llegamos a la conclusión que ella debía dormir junto a una ventana en especifico, sería justamente allí a dónde iría dirigida nuestra serenata. Era un terreno muy oscuro, fue allí cuando las luciérnagas comenzaron a cobrar sentido, las colocamos equitativamente en los frascos pequeños de vidrio para crear un efecto impresionante, era cómo si miles de estrellitas hubieran salido de un cuento de hadas, para adornar el patio de Virginia. Isócrates comenzó con una bella melodía sacada desde el interior de mi guitarra, el momento de hacerme escuchar era justo ahora, Virginia, esto va para ti. Empecé a cantar a pesar de los terribles nervios que me atacaban, pero todo valió la pena cuando esa hermosa mujer asomó su perfecto rostro a través de la ventana, junto a una señora que asumí, era su madre. En ese preciso momento lo supe, ella estaría en mi vida desde ahora, y para siempre.
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