CAPÍTULO 8

1933 Words
CAPÍTULO 8 Desde tiempos inmemoriales, el amor ha sido llevado en forma de canciones hasta los oídos de esa persona especial, las serenatas, rituales arcaicos que han acompañado al romanticismo durante generaciones. Es la acción dónde se deja el alma entre las notas más sublimes que permiten elevar tu alma a otro nivel donde la felicidad es posible, el día que dí una serenata a Virginia Agreste, lo recuerdo como uno de los más bonitos de mi vida. Cientos de luciérnagas adornando la noche con su fulgor deslumbrante, mi mejor amigo Isócrates Campos tocando la guitarra como los dioses, y yo entonando notas a las que jamás había podido llegar. Si antes pensaba que nunca experimenté un momento perfecto en mi vida, pues, este lo era. La existencia humana es realmente efímera para el resto del universo, ante la majestuosidad del cosmo solamente somos un pequeño abrir y cerrar de ojos. Pero por un segundo, por tan sólo un momento, me sentí eterno, un ser infinito, al tenerla a ella, al poder mirar mi reflejo en sus espectaculares ojos color café una refrescante brisa de tranquilidad soplaba en todo mi cuerpo, era luz, era mar, era un beso de una madre en la herida de su hijo que acaba de caer de la bicicleta, era la lágrima descendente cuando dos personas se perdonan luego de mucho tiempo. Era Virginia Agreste, Mi Virginia. Los mejores gladiadores en la antigua Roma, luego de batirse a muerte y lograr salir victorioso, recibían una enorme ovación. Un momento épico que los hacía elevarse en gloria cuán lejos pudiera llegar. Los soldados sobrevivientes de una guerra reciben como premio una medalla a su valor, para mí luego de entrar al patio de esa casa durante la noche, robarme el corazón de la mujer que amo y despertar a los vecinos con mi canto, también obtendría una recompensa que había anhelado con locura desde la primera vez que ví a Virginia, ese premio, para mí, era mejor que una medalla y más reconfortante que la ovación más épica de la historia. Al finalizar la serenata, ella salió de su casa, en complicidad de su madre quien la apoyaba en silencio, esto debía ser un secreto para el padre de Virginia ya que él era un señor muy cascarrabias que seguramente no iba a consentir bajo ninguna circunstancia el amor que había nacido entre ella y yo, así qué por los momentos debíamos permanecer en confidencialidad. Al salir de su casa, caminó hasta mí y estampó en mis labios el beso que cambió mi vida, y digo cambió, porque antes de ello creía imposible que una persona pudiera hacerte sentir tantas cosas con tan sólo un beso, pero hoy sé, que sí, que la perfección existe y que siempre, en todas las ocasiones, viene de una mujer. La vida y sus ironías incomprensibles, al mismo tiempo que Isócrates y yo vivíamos un momento diferente. De esos que llenan tu espíritu, Amelia Campos atravesaba la noche más difícil de su corta vida. Debajo de su cama temblando del miedo, imaginando que en cualquier instante, el infeliz de Joaquín Perez podía irrumpir en su puerta para intentar hacerle daño nuevamente. Además recordaba las amenazas de muerte a su padre y esto le provocaba pavor, es realmente trágico que una niña haya pasado por una situación tan traumática. Ese miedo incesante de sentirte amenazado, asediado. Amelia brincaba de miedo con cada ruido extraño que se escuchaba en su hogar, ese hombre le había ocasionado lecciones que iban mucho más allá de lo físico, muchas veces los daños mentales suelen ser espeluznantes como la misma muerte. Luego de ese beso, charlamos por un largo rato, pero el momento de regresar a casa llegó cuando comprendí que mi amigo Isócrates debía volver a su casa, además debíamos despertar muy temprano al día siguiente para asistir al trabajo, no quería hacerlo, pero debía irme. Virginia abrazó muy fuerte mi cuello y me dijo. - ¡no te puedes ir sin hacerme una propuesta oficial! . - dijo mientras me abrazaba. - ¡yo quiero un mundo contigo Virginia, quiero que todos los hombres sobre la faz de la tierra deseen ser yo, sólo para tenerte a ti, quiero despertar cada mañana y que tu hermoso rostro sea lo primero que mire al abrir mis ojos, no me alcanza toda la noche para contarte las cosas que quiero contigo . - le respondí a la hermosa Virginia tomando sus manos de manera romántica. - ¡pero para eso debes ser mi pareja formalmente, hasta los momentos sigo siendo sólo una amiga que está totalmente encantada con todas las cosas increíbles que has hecho por mí, pero, me gustaría ser mucho más que eso. En pocas palabras, sigo esperando una propuesta . - dijo Virginia Agreste siendo sincera conmigo acerca de lo que esperaba de mí persona. - (sonrisa) Virginia Agreste. ¿quieres ser mi novia? . - pregunté abrazándola tomando su cadera con mis brazos y halando su cuerpo hacía mí. - ¡Mmm! , ¡no sé! , ¡déjame pensarlo! (Risa) . - dijo mi , ahora , novia Virginia Agreste en forma de broma. - ¡es broma, claro que quiero ser tu novia Aramis Chapman, nada me haría más feliz en esta noche. - respondió con palabras que aún, tantos años después, todavía retumban en mis recuerdos. Luego de esa noche el tiempo pasó muy rápido en la isla, Virginia y yo, nos convertimos en los novios más envidiados de toda Cuba, todo el mundo tenía algo que decir de nuestra relación, bueno o malo, siempre habían comentarios de nuestro intenso amor, ambos nos transformamos en la sombra del otro, todas las tarde iba a su casa para verla a escondidas de su padre, llevaba también flores que encontraba en el camino de regreso del trabajo, en realidad siempre trataba de llevar un tipo de flor diferente cada día, pero eran las rosas blancas sus favoritas. Varias veces coincidimos en la playa, ambos trabajando, ella vendiendo sus exquisitos dulces y yo golpeando mis enormes rocas para reducirlas a rocas más pequeñas, muchas otras veces nos vieron pasear enamorados por el malecón prometiendo cosas, pensando en un futuro juntos y formar una familia. Pero imposible pensar en el futuro en Cuba sin que te pongas pensativo. Terminas haciéndote preguntas como. ¿cúal futuro podemos esperar en este país? , ¿cómo podremos comprar una casa? , ¿y si tenemos hijos, que futuro podemos ofrecerles encerrados acá?. Así, hacía que todas las esperanzas y sueños bonitos, se acabaran sin siquiera comenzar. Pero yo no mentí, yo estaba totalmente dispuesto a hacer cualquier cosa por Virginia, y aún más si era algo por su bienestar. Fue entonces allí, cuando decidí hablarle de la idea de mi amigo Isócrates. Mi idea era simple, irnos juntos hasta los Estados Unidos, país dónde seguramente podremos empezar desde cero con muchas más oportunidades de progreso, entonces seriamos solamente cinco personas en la pequeña balsa, mi mejor amigo Isócrates, su hija Amelia, , mi madre , mi novia y yo. Después de hablarlo por un buen rato, pude notar que Virginia, no estaba completamente convencida de la idea, y no la culpo, no es nada, absolutamente nada fácil alejarse de la familia sin saber si al menos podrás volver a verla algún día, pero sería una idea que ella con los días terminaría aceptando para mi suerte. Mi amigo Isócrates Campos continuó elaborando de poco el trabajo en su balsa secreta guardada en un lugar clandestino de la playa, ese era su gran boleto de salida que le permitiría abandonar la isla y emprender vuelo a una mejor vida, sólo era cuestión de tiempo para que estuviera lista esa nave que nos llevaría a la tierra prometida. Me costó mucho trabajo convencer a Virginia, sería realmente su madre quien la haría entrar en razón, pues, ¿que madre no quiere lo mejor para sus hijos?. La madre de Virginia siendo una señora muy sabía la convenció de que viniera conmigo, con todo el dolor de su alma, consintió nuestro plan sabiendo que la única forma en la cuál ambos podríamos lograr todas las metas que nos habíamos trazado. Pero antes de eso, debía hacer un gesto mayor para demostrar la veracidad de el amor tan inmenso que sentía por Virginia, y ya había ideado el plan perfecto para hacerlo. El tiempo también pasaba para la pobre Amelia Campos, aunque para ella esos meses fueron un completo infierno por más que intentara esconderse, siempre Joaquín Perez encontraba la manera de llegar a ella, abusando de su poder como soldado de la revolución cubana, él podía ingresar a cualquier propiedad como quisiera , cuando quisiera y de la manera que quisiera, lo que se convertía en una total pesadilla para Amelia, la desafortunada chica sentía en su corazón que no había escapatoria, en esos dos meses que habían transcurrido, Joaquín Perez había abusado sexualmente de ella en más de veinte ocasiones, varias de ellas inclusive dentro de la misma escuela, lo que más temor sembraba en la mente de Amelia era que el despreciable hombre siempre amanezaba con dar muerte a su padre si ella decidía delatarlo, esto hacía que optara por callar todo su sufrimiento, en su mente de niña inocente, creía que sacrificándose ella, mantenía a salvo la vida e integridad de su padre. Pero esto estaba causando un enorme daño psicológico en Amelia, la hermosa adolescente de cuerpo envidiable que alguna vez fue, ahora se le podía ver bastante delgada, su rostro cada vez se notaba más demacrado por el hecho de que la pobre no dormía, la situación se puso tan grave que mi mejor amigo Isócrates comenzó a sospechar, qué algo muy malo estaba sucediendo. A esta parte de mi historia le llamo "El día más bonito de mi vida" y comenzó conmigo muy temprano en la mañana hablando con el cura de la parroquia, recolectando todas las rosas blancas que pude encontrar en los jardines privados dónde las hallaba, y gastando en un anillo de compromiso, el poco dinero que había logrado ahorrar por meses con mucho esfuerzo y también un poco de ayuda de el mejor amigo que alguien puede llegar a tener en este mundo, el anillo era el más barato de la tienda pero considerando el hecho de que gasté absolutamente todo el dinero que tenía, podía decir que era el objeto más costoso que compré en mi vida, era de bronce, y tal vez no era precisamente la joya más hermosa del planeta, pero era el símbolo de compromiso eterno entre dos personas que se amaban con una fuerza indescriptible y eso lo hacía una reliquia irreemplazable al menos para nosotros. Esa tarde caminamos tomados de la mano por el calle como ya era costumbre, en uno de las carretera de la vieja Habana de la soledad, totalmente desierta la enorme vía principal únicamente para nosotros, la vista a la playa era impresionante, ese azul espléndido que bañaba el horizonte con su belleza. Luego de caminar una cierta distancia Virginia notó algo en la orilla, sobre la barandas de concreto que separaban la playa de la carretera, eran un ramo de rosas blancas. - ¡Mira Aramis! , ¿quien habrá sido la persona tan descuidada que olvidó esto aquí?, y precisamente son mis favoritas . - expresó mi novia sorprendiéndose mucho cuando al voltear se dio cuenta que me encontraba de rodillas con el anillo en mis manos y diciendo. - ¡Virginia Agreste! . ¿te quieres casar conmigo?. -
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