GEMELOS

500 Words
Lucio Después de un año de haber estado en Estados Unidos prestando servicio militar, mi hermano y yo habíamos vuelto a nuestra ciudad natal para terminar nuestros estudios. El primer día de clase, todas las chicas prácticamente se derretían por nosotros al vernos más musculosos, gracias al entrenamiento que tuvimos en el servicio militar. Pero mi mirada buscaba a una chica en especial, una que solíamos molestar por el simple hecho de que a nosotros no le gustabamos a ella. Claro está, ella no sabía por qué éramos así con ella. Pero es que no nos cabía en la cabeza cómo no podríamos gustarle si éramos los hombres perfectos. Seguimos hasta el salón que nos tocó y, cuando entramos, la vimos sentada con otra chica, pero ya no era la misma niña que conocíamos, ahora era toda una mujer, y eso nos había vuelto locos. Lo sé, porque giré a ver a mi gemelo y él también me miró, y una sonrisa se dibujó en nuestros rostros. Tomamos asiento en el fondo del salón, pero ni mi hermano Lucas ni yo le podíamos quitar la mirada de encima, y más porque, cuando ella nos vio, nos ignoró como si no hubiéramos llegado. Lucas Verla haberse convertido en toda una mujer era fascinante. No sé si esto se iba a volver una obsesión solo por el hecho de que ella era diferente, pero que ella no nos quisiera era algo que no podíamos aceptar. Habíamos corrido la voz desde días atrás de que íbamos a hacer una fiesta el viernes, y no lo voy a negar, yo rogaba para que ella fuera a nuestra fiesta. El viernes por fin llegó, y mientras Lucio y yo nos vestíamos, la fiesta estaba a reventar, así que decidimos bajar tan pronto como estuvimos listos. Como de costumbre, nos vestimos y peinamos igual, de modo que nadie pudiera diferenciarnos. Cuando bajamos las escaleras y nos dirigimos al porche, la vi y me detuve. Le hice señas a Lucio para que la viera. Estaba vestida con un vestido n***o que dejaba ver sus enormes y preciosas piernas, y, además, el vestido se le pegaba al cuerpo como una segunda piel. Ella estaba tan concentrada en caminar que no se dio cuenta de que estábamos atravesados en su camino, y chocó conmigo. Mi mirada era de furia porque tan poco le llamábamos la atención que ni siquiera se había percatado de nuestra presencia. Cuando ella nos miró, pidió perdón y prácticamente salió corriendo, como si fuéramos peste. La paciencia se me estaba acabando con esta mujer, y ella no lo sabía, pero mi gemelo sí, ya que tenía la misma mirada que yo. Nos dirigimos hacia una mesa con bebidas y tomamos un par de tragos, pero cuando la vimos, un chico la sacó a bailar. Los celos me empezaron a carcomer vivo, y sin pensarlo, me dirigí hacia donde estaba. Le tomé la mano y la llevé al segundo piso, con mi gemelo detrás de nosotros.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD