Pasaron los días y Linda ya estaba instalada en París. Se había asegurado de no dejar ningún rastro, usando la identificación de Liliana y evitando cualquier sitio donde pudieran encontrarla. Solo salía para lo estrictamente necesario, y sus citas prenatales siempre eran en clínicas privadas. Aquella mañana tenía una ecografía programada. Se recostó en la camilla mientras el doctor pasaba el gel frío sobre su abdomen. Cuando el monitor mostró la imagen en blanco y n***o, él sonrió. —Felicidades, Linda… son gemelos. Por un momento, su mente se quedó en blanco. Gemelos. ¿Ese era el costo de haber estado con dos gemelos? ¿El destino tenía un retorcido sentido del humor? —¿Está segura? —preguntó con la voz apenas audible. —Totalmente. Aún no se distinguen los géneros, pero todo está muy

