El cacique miraba con mal humor al hombre detrás de su adorada ahijada. Quería a esa muchacha tanto como a Aimé, y que esos dos blancos se hayan quedado con ellas no le causaba ninguna gracia. Nehuen consideraba a los criollos unos usurpadores y traicioneros, que preferían los lujos provenientes del viejo continente a las tradiciones y creencias de los hombres que siempre habitaron estas tierras. Volvió su mirada hacia la mujer que se encontraba unos pasos delante del enorme sujeto de cabellos negros y ojos grises, y pudo notar como el dolor y la tristeza se colaban por esos bellos ojos marrones. Se acercó unos pasos a ella y Sofía no dudó en acortar la distancia con su padrino y dejar salir las emociones que la embargaban desde el trágico día que Domingo dejó este mundo terrenal. Nehuen l

