Mareada, aturdida, y con mucho dolor de cabeza; abro mis ojos y me doy cuenta de que me encuentro en una especie de zulo, estoy atada de pies y manos. Los grilletes que me han puesto, me tienen pegada al suelo, en forma de “X”, tengo otro más grande que pasa por mi cintura, que no me deja de moverme. —¡Hola!, ¿hay alguien ahí? Ayúdenme, por favor —gimoteo intentando soltarme. —Hola. Pequeñaja, llevábamos tiempo sin vernos. Ya te echaba de menos. No doy crédito al escuchar la voz de Vladimir, cerrando la puerta de la entrada con llave. —¿Qué hago aquí? Eres un cobarde, te has escondido, te estuve buscando durante tres años —le recrimino, intentando escupirle. —Pequeñaja te voy a torturar hasta que me digas dónde se esconde tu gran amiga Nicoletta —comenta pisando mi mano. —¡Ay,

