Pasan unos días y aún no tiene ninguna respuesta por parte de Sanlés. Nicoletta comienza a ponerse nerviosa, camina de lado a lado en el salón sin saber que hacer, ¿Debe llamarle? O, quizás esperar a que la llamen a ella. Pero su impaciencia ya no da a más, como no se puso en contacto con ella, y recuerda que le dio una tarjeta para cuando quisiera contactar con él nuevamente. Va a su bolso y la busca, la mira durante un buen rato; no está segura de sí está haciendo lo correcto, pero opta por llamarle. —Buenas tardes. Con él señor Sanlés, por favor. —¿De parte de quién? —pregunta, una chica de poco más de veinte años por la voz. —Soy Nicoletta, señorita. ¿Me puede pasar con él? —No cuelgue, enseguida le paso su llamada —responde la chica dejando el teléfono en espera. Sanlés t

