Estar perdida entre sus manos me enloquece, comienzo a suspirar, mi cuerpo reacciona a sus caricias dejando mis gemidos a flor de piel, hasta que los retengo para escuchar como mi marido me susurra al oído: —Eres impresionante, te voy a hacer el amor toda la noche —afirma, controlando lo que hace con sus dedos metidos en el triángulo que dejó en el tanga. Esta vulnerabilidad de sumisa, y esta inmovilización, me provocan el placer de dejarle hacer tantas cosas como quiera conmigo. Sé que esta noche será uno de esos días en los que Yurik me llevará al placer máximo en todo su apogeo. Sin separarse de mí, derrama un aceite esencial al final de mi espalda. Está muy frío, me contraigo enseguida y la piel se me eriza de golpe. Siento el aceite correr y deslizarse entre mis nalgas, es algo

