Tyler Hamilton
El sol brilla en su punto más alto, el verde de los árboles, se asoma por el horizonte, bajo un poco la ventana de mi lado para poder sentir el aire fresco entrar por mis fosas nasales, todo huele a naturaleza, todo es tan exquisito.
Somos tres hombres, viajando a lejos de la ciudad, lejos del ruido y la contaminación.
Somos tres hombres, dejando atrás todo, para volver a comenzar de nuevo.
Mi corazón roto, lo deje atrás, tengo que comenzar a vivir nuevamente. No puedo aferrarme ha algo que ya no me hace bien, no puedo aferrarme a alguien que me rompe cada vez más. Todos tenían razón, en mi intento de hacerla feliz, yo me estaba rompiendo.
A veces el amor nos hace ponernos una venda, y no queremos mirar más aya, no queremos mirar los errores de aquella persona, y sin pensarlo nos comenzamos autodestruir, porque siempre pensamos en su felicidad antes que la nuestra.
Es un viaje largo, un viaje que me ha hecho recordar esos tres años, de momento felices y de como todo se comenzó ir a la mierda, como yo era el único que trataba de nadar entre la mierda para solo lanzarle un salvavidas a ella, mientras yo me volvía a hundir una y otra vez.
—Hijo, ¿Has pensado en lo que te dije? — hablo mi padre mientras me miraba por el retrovisor. El quería que volviera a retomar mi trabajo como maestro, pero no sé si me sentía aún preparado para trabajar con niños nuevamente, después de todo lo que sucedió.
—Aun no lo sé, no estoy muy seguro.— solté un suspiro.
—Vamos muchacho, me han contado que este pueblo es maravilloso, una amiga que tengo aquí me dijo que todos se respetan y cuidan entre todos y que los niños son adorables.— dijo mi abuelo.
—Lo pensaré.
Mi padre me dió una última mirada por el retrovisor, esa mirada llena de preocupación.
Y no podría ser menor, su único hijo estuvo a punto de cometer un error, un error que nunca me hubiera perdonado. Si no fuera porque el llegó a tiempo otra historia se estaría contando.
Después de unas largas horas de viaje, al fin habíamos llegado al pueblo Real King, si así se llama, algo extraño, pero a medida que pasábamos las calles todo me parecía hermoso, todo estaba reluciente, el bosque rodeaba al pueblo, sus árboles cubrían todo, era mucho más grande, que otros pueblos que he visitado.
Paramos frente a una hermosa casa, tipo cabaña estaba un poco más alejada del pueblo, rodeada del bosque. De ella salió una mujer, era joven muy hermosa, su piel morena, su cabello castaño y sus ojos marrones, era una mujer sumamente hermosa.
—Elizabeth, los años no pasan de ti.— hablo mi abuelo, caminando hacia la mujer para estrecharla en sus brazos.
—Terry, querido estás tan guapo como la última vez.— mi abuelo soltó una carcajada.
—Elizabeth, ellos son mi hijo Thomas y mi nieto Tyler.— mi padre estiró su mano para estrecharla, pero ella enredo sus brazos en el cuello de mi padre, mientras lo apretaba en un caluroso abrazo, mi padre tardo unos segundo en responder por aquella demostración de cariño
—Oh cariño, tu padre me ha hablado tanto de ti que siento que te conozco de toda mi vida.— ella lo alejo, colocando sus manos en los hombro de el, mientras dejaba un beso en su mejilla.— y a ti, no puedo creer lo grande que estás, la última vez que tu abuelo me envió una foto tuya eras de este tamaño.— ella hizo un gesto con sus manos, yo le di una sonrisa de labios cerrados, me abrazo al igual como lo hizo con mi padre.
—¿Mi padre, nunca me había hablado de ti?
—Bueno, querido Thomas con tu padre nos conocemos desde que yo tengo veinte años, un viaje a las vegas.— ella le guiño un ojo a mi abuelo logrando que el se ruborizada.
Si el Gran Terry ruborizado por una mujer.
—Pero tu te ves de veinte Elizabeth, no pareces que tienes la edad de mi abuelo.— hable
—Cariño, son más vieja que tu abuelo, pero esos son secretos que aún no puedo contarles.— sonrió ampliamente.
Los tres soltamos unas carcajadas.
Elizabeth nos mostró la casa, era amplia, contaba con cuatro habitaciones, cada una tenía su baño propio, teníamos un enorme salón, la cocina era igual de grande, incluso tenía un pequeño gimnasio, para poder entrenar.
—¿Todas las casas son así de grandes aquí? — pregunté, ya que por el camine me percate que todas las casas eran gigantes
—Si, cariño lo que sucede que aquí, siempre viven familias numerosas, y bueno, después lo entenderás.— se encogió de hombros.— tu abuelo me comentó que eres maestro, y bueno hablé con el director de la primaria y necesitan un maestro con urgencia, habían mandado a buscar uno a un pueblo cercano, pero yo les hable del nieto de un viejo amigo, y están esperando mi respuesta, ¿Que les digo Tyler? — la mire con nerviosismo, sentí como mi corazón se apretaba y mi respiración se agitaba, al parecer ella se dió cuenta, puso una mano sobre mi hombro— Lo entiendo, puedes pensarlo, tu abuelo me contó todo lo sucedido, quiero que sepas, que en mi puedes confiar y contarme cualquier cosa, siempre trataré de ayudar— asentí en forma de respuesta.
Se marchó por el pasillo, bajando las escaleras, podía escuchar sus risas junto al abuelo, entre a mi habitación, escogí la última del pasillo mi papá y abuelo quedaron en las primeras. Era grande, tenía una enorme cama de roble, con sus dos mesitas de noche a cada lado, había un pequeño escritorio en la esquina derecha, mientras que en la otra esquina había una puerta, si era la del baño, abrí las puertas de mi closet para guardar mis pertenencias, pero abrí la boca de la impresión, era como otra habitación ahí adentro.
Después de guardar todas mis cosas, me lanzo sobre la cama, quedando boca arriba mirando el blanco techo de mi habitación, pose mis manos sobre mi estómago, y en esta tranquilidad los recuerdos comenzaron a llegar de golpe. Podía sentir como un nudo crecía en mi garganta, como las lágrimas amenazaban por salir.
Inhala, exhala.
Inhala, exhala.
Inhala, exhala.
Repetí esa acción por unos minutos, hasta que pude controlar, mis sentimientos, tenía que hacer algo, mantener mi cabeza ocupada.
Al entrar a la cocina mi abuelo revisaba los muebles, mientras que mi padre estaba metido dentro del nevera.
—Tu amiga es muy atenta, dejo todo lleno de comida— hablo papá.— ¿Algún día nos contarás que pasó con ella?
Fijé mi mirada en mi abuelo, el cual lucía algo perdido.
—Yo, no estaba destinado a ella.— pude ver la tristeza en la mirada de mi abuelo.— bueno vasta de hablar de eso, no tengo ganas de cocinar, ¿Que les parece ir a cenar al pueblo?
Con mi padre asentimos en forma de respuesta.
Nos montamos en el auto nuevamente, para salir rumbo al pueblo. Solo tardamos unos minutos en llegar a una cafetería.
Al entrar a la cafetería todos se nos quedaron mirando, son darle importancia caminamos a una mesa vacía. Observe el lugar y me percate que todas las mujeres eran realmente hermosas, y jóvenes, solo se podía distinguir a las niñas.
Los hombres eran iguales, todos altos, con cuerpos bien definidos, algunos de cabellos largos tomados en un moño, otros de cabellos cortos, pero todos eran hermosos y jóvenes los más viejos de la cafetería eran mi padre y abuelo.
—Hola, les dejo la carta, tomen su tiempo y cuando se decidan me llaman.— hablo una muchacha de no mas de dieciocho años
—no será necesario, traigan el especial de la casa por favor.— ella anoto y se marchó no sin antes darnos una hermosa sonrisa.
Después de unos minutos la mujer llegó con nuestra comida, todo estaba delicioso, era una cena-desayuno. Hacía tiempo no comía así de rico.
—Hey, muchacha — hablo el abuelo levantando la mano
—Clara, mi nombre es clara.
—Bueno clara, queríamos saber dónde podíamos conseguir algo de leña, ya que me comentaron que el invierno es duro por aquí.
—ah, ustedes son los amigos de Elizabeth, ella no ha dejado de hablar de ustedes.— nos miro a todos con una sonrisa— esperen un momento.— ella se marchó por unos segundo, para después volver con un hombre a su lado.— el es Erick mi compañero, cariño ellos necesitan saber dónde pueden encontrar leña.
El tal Erick sonrió de una forma extraña, pero nos atendió con amabilidad, se veía algo rudo y de mal carácter pero en realidad eran muy amables.
Después de un rato ya habíamos hablado con toda la cafetería, todos eran realmente amables, a pesar de sus aspectos rudos y mal genio, ellos realmente eran amables y muy unidos, y más las que tenían sus compañeros, como se hacían llamar, ellos las miraban como si no hubiera nada más importante en este planeta, solo tenían ojos para ellas sus compañeras, así como yo algún día los tuve para esa persona.
Bueno después de terminar de cenar, aún el cielo se encontraba claro.
Decidimos ir al lugar donde nos habían comentado la Erick y clara, un lugar algo apartado dentro del bosque, pero dijieron que no abría ningún problema.
Dejamos el auto, a la orilla del camino, y nos adentremos al denso bosque. Nose cuánto tiempo llevamos caminando, pero al llegar comenzamos a trabajar, para poder marcharnos pronto, antes que caiga la noche. Tampoco es que podías llevar tanto, ya que igual el camino de vuelta era algo largo.
Después de unos minutos, podía sentir como alguien me miraba, gire mi cuerpo encontrándome con una mujer, que me dejó sin aliento, si las otras mujeres que había visto en el pueblo eran hermosas, está mujer era algo de otro mundo, su largo cabello castaños caído sobre sus hombros, sus ojos tan azules como el cielo, que podía reflejarme en ellos, su piel dorada, era como ver a un puto angel.
—Por los Dioses, ¿Se encuentra bien muchacha?— escuché la voz de mi padre preguntando, pero yo no podía dejar de mirarla algo magnético me atraía de ella, algo me hacía querer apreciarla como si fuera la joya más hermosa del planeta.
Entonces su dulce voz, sonó entre el denso bosque.
—¿Que hacen en mi territorio? — pude sentir como mi cuerpo reacción ante su voz, mi corazón se agito en mi pecho, algo que creía que nunca me iba a ocurrir de nuevo.
Pero es ella, ella tiene algo.
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Hola, ¿Cómo están?
¿Y? ¿Les gustó?
Espero que sí, igual me gustaría saber sus opiniones.
miércoles nuevo capítulo ❤️
Los quiero.