Tyler Hamilton.
—¿Lo has visto?— hablo mi padre ya dentro de la camioneta, sus manos temblaban de una manera inexplicable.
—Si, Thomas lo he visto, no lo puedo creer.— mi abuelo trató de encender un cigarrillo pero papá, se lo quito de las manos antes de que lo encendiera.— j***r muchacho, en estos momentos solo un cigarro me puede calmar.
—ni lo sueñes papá, no te aproveches de la situación.—mi padre regaño al abuelo como un niño pequeño.— ahora, apenas lleguemos a casa, empacamos todo y nos marchamos de este puto lugar extraño.
—ni lo sueñes, Elizabeth nos explicara
—¿explicar?, ella lo sabía desde el principio, mira que de solo mirarla supe que ocultaba algo, la conociste a tus 20 papá, y tu te ves como la mierda, pero ella luce como si aun tuviera 20 años.
—¡Oye! No me faltes el respeto, y no me veo como la mierda, estoy en mi mejor momento, niño malagredecido.— reclamo el abuelo, cruzándose de brazos mientras aún murmuraba regaños hacia mi padre.
—No, nos podemos marchar, ella dijo que no podemos irnos, y que en dos horas estaría en casa.— hable por primera vez, por mi cabeza aún se repetía el momento donde ella se convirtió en un enorme lobo.
—No me importa Tyler, llegamos, tomamos nuestras cosas y nos vamos, ella se transfomo en un enorme lobo y para rematar te saboreo, ¿o piensas que fue por que te encontró guapo? No j***r ella te comerá.— deje de escuchar como papá enumeraba, las formas en como me iban a matar.
Pero yo no siento eso, se escuchara raro pero lo sentí más como, una forma de marcarme, de que todos supieran que yo le pertenecía, si, se que es raro, pero lo sentí de esa forma, y yo solo sonreí, pero como no hacerlo, era algo maravilloso, era enorme casi del porte de un caballo, incluso podría decir que un poco más grande solo un poco.
De todos los que habían ahí, ella era la más grande, junto con el lobo gris y el lobo rojo, los otros dos que salieron al último eran un poco más pequeños.
Una sensación de admiración comenzó a crecer dentro de mi pecho, mi cabeza se lleno de preguntas ¿son todos así? ¿habrán más humanos? Pero son preguntas que no podré responder, ya que nos iremos de aquí y....
—j***r, esto no puede estar pasando — mi padre freno el coche de golpe, me asome por el hueco de los asientos.
Habían tres lobos enormes haciendo guardia frente a la puerta con sus ojos fijos en nosotros, y un hombre grande, sin camiseta, dejando mostrar la tinta que recorría varias partes de su cuerpo.
El hombre se acercó lentamente hacia la ventana de mi padre, golpeo suavemente el vidrio con sus nudillos, mi padre con manos temblorosas lo bajo, pero solo un poco.
—Señor Hamilton, soy Justin cruz beta de la manada King, la reina alfa dejo ordenes que se mantengan dentro de casa.— el hombre tenía una voz grabe profunda y con una autoridad que sólo había visto una vez en aquella mujer de ojos como el cielo de un día despejado.
DIOS!! QUE CURSI
—cla..claro — tartamudeo mi padre, subió el vidrio nuevamente se acomodo en su asiento — bien, no hay escapatoria, nos bajaremos y esperaremos a su "reina" Dios por favor ayúdanos a salir vivos — suplico mi padre.
Con cuidado pasamos antes los enormes lobos quienes se detuvieron a olerme y no se si fue mi imaginación, pero vi como inclinaban su cabeza ante mi, extraño lo se. El hombre se detuvo a mí lado y comenzó a olerme, extrañado me aleje de su lado y lo mire, lo único que vi en su mirada fue asombro, lo cual también me pareció extraño.
Mi padre no dejaba de mover la pierna, mi abuelo encendía una y otra vez el encendedor en su mano nervioso y yo estaba sentado al final de las escaleras nervioso ya que el tal Justin no dejaba de mirarme, se encontraba de pie en la puerta de brazos cruzados llevábamos un buen rato esperando y el solo me miraba.
Luego de un rato se escucho como un auto de detenía fuera de casa, hubo un pequeño alboroto, golpearon la puerta, el hombre abrió y ahí se encontraba ella.
Mi corazón se detuvo por un momento, no sabia el porqué, entró con una seguridad y un aura que intimidada a todos, su cabello largo n***o, su esbelta figura, sus ojos, se me hacían lo más hermoso del planeta, aquella mujer me hacía sentir algo que nunca pensé volver ha sentir.
—puedes irte beta, yo me haré cargo— el hombre la miro, y era como si se comunicaran mentalmente, el le dio un asentimiento y se marchó.
Comenzó a caminar por la casa, observando todo, camino por detrás de mi padre, luego por donde estaba mi abuelo, hasta que se detuvo frente a mi, sus ojos se fijaron en mi, sin miedo alguno le devolví la mirada, nuestras miradas se encontraron y todo desapareció, el mundo dejó de existir, mi abuelo, mi padre todo. Solo eramos ella y yo. Algo se apretó en mi estómago, ella aparto la mirada para volver a caminar para quedar de espaldas a la puerta, en la misma posición que se encontraba minutos antes aquel hombre.
Solté un suspiro, más bien aire que no sabia que me había estado aguantando.
—Quiero darles la bienvenida a la manada King, y disculparme por mi comportamiento hace unas horas atrás, no me habían informado de sus llegadas.— su voz era suave pero con autoridad.
—Lo sentimos, nos iremos de inmediato.— hablo mi padre.
—¿porque? ¿Les damos miedo?
—bue..
—Si— mi padre interrumpió al abuelo.— no sabíamos de su origen, ustedes son mitad lobos, nos pueden matar, ustedes comen personas, son salvajes.
— No puede juzgarnos sin conocernos señor Thomas, ustedes no son los únicos humanos que viven en mi manada, y entiendo su miedo, pero déjeme mostrarles que este es un lugar seguro para poder quedarse.
Mi abuelo y mi padre se miraron y luego a mi, yo solo me encogí de hombros, yo no me quería ir.
—enséñanos.
Al salir de la casa, afuera se encontraba una mujer de pelo rosa y un hombre que era casi idéntico a la reina.
— les presento a mi futura beta y hija de Justin Carla y a mi mellizo Jacob.
El hermano, me miraba como si quisiera arrancarme la cabeza.
En todo el viaje no se hablo nada, había un silencio incómodo y el ambiente estaba tenso, solo podía sentir la mirada de la reina a través del retrovisor, en algunos momentos nuestras miradas se encontraban, pero siempre era yo quien la apartaba primero.
Pasamos por varios lugares, nos presentaron a varios humanos, que tenían parejas que eran lobos y otros que eran solo familias humanas. Nos enseñaron todo el pueblo sus leyes, y sus historias.
Después de mostrarnos todo el pueblo, nos llevaron a la casa principal, era la casa de la reina Leonor, la primera reina alpha, la casa estaba llena de su gente hombres grandes luchando entre ellos, o convertidos en lobos, mujeres entrenando, todos se nos quedaban viendo, bueno más bien a mi se me quedaban viendo.
—Eso es todo, bueno hay algo más.— hablo Leonor, habíamos entrado a su oficina, solo estábamos los cuatro.— nosotros tenemos una Diosa, la Diosa de la luna, ella cuando nos creó, nos dio el poder de encontrar a nuestros compañeros y solos los descubrimos cuando tenemos 18 años.
—¿compañero? Como es eso.— quiso saber mi abuelo.
—No es como los humanos que ustedes se enamoran de cualquiera, no aquí nosotros estamos destinados solo a una persona, los descubrimos por su olor.
—lo siento, aun no entendemos.
—miren un ejemplo, mi hermano tiene a su compañera, supo que era ella, porque su olor es diferente, su olor lo atrae a ella, y cuando se marcan sus almas se contectan.
—¿marcar? — mi padre parecía más confundió
— si, es una marca que se hace en el cuello, una marca que nos hace saber a todos que ellos se aceptaron, y que sus almas se unieron.— soltó un suspiro.— cuando se encuentra a tu compañero, no existe nada más, su aroma te atrae, su cuerpo, su alma, somos territoriales con nuestros compañeros, somos celosos.
—Entonces, su Diosa, ¿los obliga solo amar a una persona?.— ella asintió en respuesta a la pregunta de mi padre.
—¿y tu?— hable por primera vez .— ¿has encontrado tu compañero? — no se porque la espera de su respuesta me ponía nervioso, solo espera que ella me dijera que no, ella me miró fijamente y de nuevo todo el mundo desapareció.
—Si.— respondió tensa.— hoy lo encontré — molestia fue lo que sentí y no sabia porque. — por eso no pueden marcharse, porque tu eres mi compañero, la Diosa te eligió a ti.
NO ME JODAS.
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