CAPITULO 3

1533 Words
Tyler Hamilton. Si, alguien me hubiera dicho hace unos meses atrás, que los hombres lobos existen, que ellos están destinados a solamente una persona, que están unidos por una diosa de la luna llamada Selena, que es un hilo rojo que nadie puede romper, solo ellos mismos si deciden rechazarse mutuamente, que sus compañeros no solo pueden ser de su misma especie, sino también de otras, como los humanos, y si me hubieran dicho hace un par de meses, que aquí iba a estar en medio de la nada, en un pueblo hermoso, tratando de escapar de mi pasado me iba a encontrar, con que estoy en el pueblo donde vive la reina de los hombres lobos y que aparte soy su compañero, me hubiera dado un ataque de risa por tal imaginación, y le hubiera preguntado qué clase de droga está consumiendo. Aún estamos en la casa de la manada real, aun nos encontramos en la oficina de la reina Alpha de los lobos, mi abuelo mira incrédulo a Leonor y mi padre no deja de abanicarse el rostro. ─ ¿esto es una broma, cierto? ─ Mi abuelo no podía dejar de mirar a Leonor, y yo podía sentir los latidos de mi corazón tan fuertes, que me comenzaban a zumbar los oídos. ─No, no es una broma, su hijo Tyler es el compañero que la diosa de luna unió a mí, y créame Señor Hamilton que a mí me sorprendió mucho más, nunca pensé en encontrar a mi compañero, y mucho menos a un humano. ─ Ella me miro con algo de desagrado lo cual hizo que me molestara bastante. ─ ¿disculpa? ─ pregunte enfado mientras me acercaba a su escritorio. ─ ¿acaso soy muy poca cosa para usted su majestad? ─ usted es débil para mi señor Hamilton, en un ataque, serias el primero en morir, yo dejaría a todos desprotegidos por tratar de salvarte a ti, eres débil para la manada, eres un simple humano.─ mientras me enfrentaba se había levantado de su silla, y se había inclinado sobre su escritorio quedando tan solo a centímetros de mí. ─ Entonces no te sirvo, como dices tú, deberías rechazarme ¿no crees? Así te buscas a tu compañero ideal, su majestad.─ ella golpeo tan fuerte el escritorio, que pensé por un momento que se había partido por la mitad, cerró los ojos, y cuando los volvió abrir puede ver como sus ojos cambiaban de color entre sus hermosos ojos azul cielo y un dorado tan brillante como el sol. ─Talvez debería hacerlo.─ contraataco entre dientes. ─Talvez. Ambos nos desafiábamos con la mirada, sus ojos aun seguían cambiando de color, como si alguien quisiera tomar el control y ella estuviera luchando por contenerla, la oficina se hacía cada vez más pequeña, se estaba volviendo asfixiante, pero no podía dejar de mirarla, la tensión entre ambos, se podía cortar con una tijeras. Ella es tan hermosa, desde un principio había sentido algo extraño por ella, no amor, eso no, sería muy pronto, pero si una atracción una peligros. ─ Disculpen, pero talvez deberían hablar en otro momento, ahora todos estamos un poco alterados, su majestad si usted lo permite, nos marcharemos a nuestra casa, y así todos tendrán tiempo de pensar bien las cosas.─ por primera vez hablo mi padre, apretó ligeramente mi hombro, pero aun así no dejaba de enfrentar con la mirada a Leonor, de pronto su mirada se nublo por unos segundo. ─ Mi beta viene en camino, el los llevara, si no les importa tengo cosas que hacer.─ y sin decir nada más salió de la oficina dando un fuerte golpe al cerrar. Solté el aire que mis pulmones tenían retenido, la mujer me estaba sacando de mis casillas y por si fuera poco, ambos éramos desafiantes, y eso no nos ayudaba, si ella estaba dispuesta a rechazarme, yo no podría negarme. ─ Bueno…eso estuvo algo intenso, digo….la tensión s****l se podía cortar en el aire. ─Papá…por favor, ¿tensión s****l? Esa mujer es la persona más rígida del puto planeta, no sé cómo su “diosa” le da un compañero, debería dejarla sola, es una bruja, antipática.. ─ Debería arrancarte la cabeza por estar hablando así de mi reina Alpha.─ todos nos giramos hacia la voz gruesa, ahí en el umbral de la puerta se encontraba el mismo hombre que nos esperó hoy cuando llegamos a casa Justin se llama, se encontraba con el torso desnudo y de brazos cruzados y sus tatuajes. ─lo siento, a veces mi hijo suele ser un poco…. ─ ¿boca suelta? ─Decir la verdad, no quiere decir que sea boca suelta.─ voltee los ojos ignorando la advertencia en el rostro de mi padre y abuelo.─ estamos en un país democrático, donde puedo decir lo que pienso de una persona.─ Justin camino a pasos lentos, estiro los brazos dejándolos caer, a sus costados, suerte la mía para ser alguien de buena estatura, o tendría que ponerme de puntas, coloco sus manos en mis hombros, y me sonrió. Si me sonrió. ─ Me agradas Tyler, si tienes el valor de enfrentar a Leonor, entonces tienes la pelotas bien puestas para liderar la manada junto a ella, y conocer a su padre y hermanos, y créeme, ellos no son para nada fácil.─ se quejó, ganándose unas risas de todos, por la forma en que lo había hecho. El camino a casa se me hizo algo eterno, solo quería llegar a mi casa, darme un duchar y dormir, la cabeza me iba a explotar, aun no podía creer todo lo que habíamos descubierto. No me sacaba de la cabeza, a Leonor, la forma de sus labios, el color de sus ojos, esa pequeña arruga que se le hace entre el puente de su nariz cuando está molesta, la conozco hace menos de un día, y ya le he notado muchas cosas, que nunca antes me habían importado, pero me es imposible no fijarme en cada detalle de su rostro. Su cuerpo es otro dilema, dejar de mirar esas piernas, va hacer un gran problema si me termino de quedar en este pueblo, y si ella me acepta como su compañero, aunque bueno, ella no me cree digno y por un lado tiene razón, ¿Qué podría hacer yo contra un lobo? ¿Tirarle lápiz de colores? , si ni siquiera se ocupar un arma, mucho menos podría pelear con un lobo; volviendo a sus piernas, si son gruesas grandes, pero tonificadas, y no puede, no mirar sus trasero, porque dios, si hay un trasero diez de diez, es el de ella, Jennifer López, no le compite, al trasero de Leonor King; ya la imagino cara al colchón, espalda arqueada, levantando el trasero, tomando sus coderas, entrando y saliendo, mientras ella gime mi nombre. ─ ¿Tyler? ─Si…─ dios no puedo estar teniendo una erección en la camioneta de este sujeto, que de seguro la conoce desde pequeña y más encima con mi padre y mi abuelo. ─Tu padre pregunta si quieres encargar algo o ir al pueblo. ─no quiero salir de casa. ─ al levantar mi mirada, me di cuenta que el beta se encontraba mirándome por el retrovisor, pero en su mirada solo había burla. Estaciono fuera de casa, mi padre y abuelo ya estaban adentro, la camioneta aún estaba estacionada fuera de casa. Antes de entrar me gire ya que escuche como gritaban mi nombre. ─Tyler, procura de darte una ducha de agua fría.─ se burló el beta, sacando media cabeza y gritando, le saque el dedo del medio, y sentí como me sonrojaba. Diablos espero no haya nadie por el bosque o todos habrán escuchado. Al entrar a casa, quede paralizado a unos metros del salón, ahí sentados en el sofá, se encontraban dos hombres, a uno ya lo conocía, era el hermano mellizo de Leonor, pero al otro hombre no, era más grandes que el beta, mucho más musculoso, y con ojos furiosos. ─ ¿qué sucede? ─ logre decir. ─Hijo…. ─ mi padre se calló abruptamente, cuando el hombre de ojos grises, se levantaba y se acercó a mí con aires de muerte. ─ ¿Tyler? ¿No? Asentí en forma de respuesta. ─ tenemos mucho que hablar. ─ ¿si? ¿Sobre qué? ─Sobre nuestra hermana, así que ¿Por qué no damos una vuelta? ─Tyler no creo…. ─tranquilo abuelo, vuelvo en un minuto. ─Nos tardaremos más de un minuto.─ hablo el mellizo de Leonor. Los tres salimos, y caminamos en silencio por el bosque, se estaba anocheciendo. ¿Tenía miedo? , si un poco, dios no eran humanos, eran hombre lobos, y para más remate, tenían el doble de mi musculatura. ─bueno, Tyler, llego el momento, mi nombre es Jacob mellizo de Leonor, nos conocimos hace un rato. ─ Mi nombre es Aiken el menor de estos dos y de peor genio. Ambos comenzaron a caminar en círculos, yo estando en el medio, escuchaba como salían pequeños, rugidos desde el interior de sus pechos, como crujían sus cuellos, escuchaba como afilaban sus garras entre los árboles que nos rodeaban. Hasta que lo vi venir, y de un momento a otro, todo quedó a oscuras.
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