Cuando rompí el beso, él me miró asombrado. —Vaya, esto sí que me tomó por sorpresa; normalmente soy yo quien insiste… y mucho. Rodé los ojos. —No estoy para bromas. —No era una broma. ¿Cómo estás? Volví a mi lugar en la barra, bebí de un trago lo que quedaba en mi vaso y, tomando mis cosas, me despedí de James con un gesto de la mano. Al llegar a casa, Hades me esperaba impaciente, lo cual solo podía significar que mi madre estaba en el salón con su trago habitual. Después de acariciar a mi perro, reuní fuerzas y me dirigí al salón, donde ella miraba un punto fijo, pensativa. —Hola —dije, haciendo que diera un pequeño salto. Suavizó sus facciones y me invitó a sentarme a su lado en el sofá con un par de palmaditas. Cuando lo hice, me abrazó, tomándome por sorpresa, yo esperaba, al

