Cuando salí de mis pensamientos, me levanté de la cama aún en pijama y dispuesta a recuperarlo. Tomé las llaves de mi auto y mi bolso para ir en busca de Ares; necesitaba pedirle perdón. Pero me detuve en seco frente a la puerta de la casa porque no tenía ni idea de dónde vivía él. Después de pensarlo unos minutos, recordé que la computadora de mi madre tenía acceso a todos los archivos de RRHH, por lo que me dirigí a su oficina en casa. Encendí su computadora y busqué el nombre de Ares, aprendiendo de memoria su dirección. Victoriosa, puse la dirección en el GPS y conduje a su casa a toda prisa, con la ilusión a flor de piel. Con lo rápido que iba, no sé cómo no me detuvo la policía, y agradecí que no lo hicieran, porque con lo que había bebido, no estaba en condiciones de conducir. Cu

