**Capítulo 9 – Llamas** Pasé el resto de la tarde y la noche en el cuarto de lavandería, lavando, secando, doblando y planchando la ropa de todos los que vivían en la casa de la manada. La tormenta seguía cayendo a cántaros, lo que significaba que la mayoría de los miembros de la manada estaban en casa todo el día comiendo. Hoy no habría sobras ni restos para mí. Estaban cenando pollo asado, patatas y verduras; olía de maravilla. Oí cómo se abría y se cerraba la puerta del sótano. ¿Quizá me equivocaba? ¿Tal vez Ursa había puesto algo de comida en mi comedero de perro junto a las escaleras después de todo? Nunca me daba la comida en un plato ni con cubiertos; simplemente tiraba los restos que tuviera la suerte de recibir en un comedero de perro junto a las escaleras. Miré hacia las escal

