―Leana ya ha llamado a mantenimiento, pero dicen que es una falla general, pero que de todas formas vendrán dentro de poco para verificar. Asintió y sus ojos negros se enfocaron en su empleada, que sentada frente a él se miraba delicada, como una gacela con ojos de gatita. Se relamió al ver cómo apretaba las piernas y su falda dejaba ver su muslo a través de la abertura. No podía negarlo, la contrató porque le gustó, le gustaba ver cómo temblaba ante su presencia, al sentirlo cerca, por eso jugaba con ella al «gato y al ratón». No pretendía nada más que jugar con Mare, siempre lo supo. No podía meterse con una «empleadita», con una chiquilla a la que le llevaba más de diez años. No era su estilo ver a sus empleadas con ojos de depredador, siempre se buscaba a sus conquistas en otros lado

