Se sube encima de mí mientras nos alejamos flotando de la orilla. Comienza a tomar puñados de agua y a arrojarlos sobre la superficie del colchón. Hace frío y tiemblo. —Quiero que sea resbaladizo para que no te quemes con el colchón o algo así—, dice. Asiento, temblando. Entonces, él alcanza la esquina del colchón y presiona un botón. De repente, el colchón se ilumina. Hay cables de luz que atraviesan el plástico transparente en filas. Jadeo. Es muy bonito. —¿No nos verán?— susurro. —No realmente—, dice. No hay suficiente luz para que se vean nuestras siluetas. —Bueno.— Se inclina y comienza a besarme con avidez. Abro las piernas para que tenga acceso a mí. Se agacha y guía su pene duro dentro de mí rápidamente, haciéndome gruñir. Puedo oír el agua golpeando el colchón, la luna

