Hayden gruñó enfebrecido y sin decir más, la tomó de la nuca y estampó sus labios, devorando aquella boquita pequeña y mullida que tanto deseó desde el primer momento en que la vio y que al fin iba a hacer suya. Hayden se dio vuelta, poniéndola contra el sofá, recostando a la pequeña embarazada que pensaba llevar al nirvana una tras otra vez, hasta que se olvidara de todos y todo. La besó con ímpetu, con posesividad, lamió sus labios, acarició su lengua, la besó con desesperación, al tiempo que la tocaba con una mano, que sentía su piel suave, que pasaba por sus curvas pronunciadas, sosteniéndose con la mano libre, para no caer sobre su cuerpo, pese a que se puso lo suficientemente cerca para apretar sus tetas con el torso y espolear aquellos pezones corales de donde no dejó de salir néc

