―Pues a ti te ha hecho ver más sexy. ―Anda, no seas mentirosa ―traté de bromear, de que mi voz fuese firme y animada, pese a que me salió temblorosa y tímida. ―No miento. Deberías verte mejor, Sofí. Estás deliciosa… ―¿De-deliciosa? ―Sí, mujer. Deliciosa. Tienes las tetas más jugosas que he visto. Están grandes, hinchadas. Se te marcan las venas de forma obscena y erótica. Y tienes unos pezones… Están… duritos y bien erguidos, casi que… ―Se adelantó más en el sofá, acorralándome con sus manos y cuerpo. Giré la cabeza y me quedé pegada a sus ojos que admiraron mis pechos. ―Puedo… ¿puedo tocarlos? ―consultó hablando despacio, suspirando sobre mi piel. Tragué con dificultad y traté de retroceder, pero estaba al borde del sofá, encima del reposabrazos, con Tara flotando sobre mis pechos t

