Lo pensó toda la noche, les dio mil vueltas a sus pensamientos y no pudo dormir, preso de las pesadillas en donde Violeta jadeaba para otros hombres. No, no iba a permitir que otro hombre probara sus mieles dulces, que le arrebataran a su hembra, sin embargo, cuando la vio salir, la bilis se le revolvió y no pudo pedirle perdón, no pudo imaginar que su hijo le pertenecía, que ella era suya, y esa noche terminaron discutiendo, una fuerte discusión en la que le dijo mil cosas de las que estuvo a punto de arrepentirse, incluso trató de retenerla. Regresó del recuerdo y sopesó encerrarla y hacerla suya, solo suya, una tras otra vez, hasta que, con ningún hombre encontrara el alivio. Caviló las mil opciones mientras la veía empacar sus cosas. ―Deja de hacer tonterías ―prorrumpió molesto al v

