Las imágenes de Hayden cogiéndola como todo un dominante la acaloró más y más, tiñendo sus mejillas. Hayden creyó que estaba avergonzada para pedirle que se fuera, que su sonrojo se debía a lo delicada y sensible que era su alma, no se le pasó por la mente que estuviera deseándolo, que necesitara sentir su m*****o erguido hasta el fondo de su ser, que deseara ser sometida por su cuerpo. Tragó saliva y se rascó la cabeza. ―Te dejo para que te duches. Voy a hacer algo de comer, me imagino que no habrás desayunado ―advirtió intranquilo, con la voz enronquecida. Violeta se acomodó un mechón tras la oreja, soltando la sábana sin pensar, revelando parte de su pecho suculento. Hayden tuvo que apretar sus puños para evitar echarse tras de ella como un lobo hambriento y devorar ese sensible cu

