Algo se removió en su interior y se retiró unos centímetros de su cavidad para luego penetrarla hasta lo hondo, arrancándole un sollozo de lo más enloquecedor. Sonrió, una sonrisa perversa. La agarró de las caderas y volvió a sacar su m*****o un poco para luego adentrarse en sus mieles hasta el fondo. ―¡Haris, dilo! ―exclamó indicándole cómo quería que le llamara. Aumentó el ritmo, penetrándola más rápido, con más fuerza, al tiempo que el cuerpo femenino se movía y sus pechos se bamboleaban con exquisites. Mare gimió, no pudo decir nada, se estaba excitando demasiado, estaba volviendo a subir al punto de no retorno. Verlo vestido, con esos ojos casi negros que no dejaban de chispear, con ese gesto fuerte que la devoraba, que le hacía sentir ese deseo que lo embargaba, era anhelo por te

