—No estoy seguro de quererte —dice con voz ronca—, pero me encanta cogerte. Se inclina para besarme de nuevo, con brusquedad, apretando mis labios contra los suyos, su lengua se lanza a mi boca para enredarse con la mía, y yo le devuelvo el beso. Me baja las bragas y mete los dedos en mi coño. Jadeo. Sigue besándome. Él juega con mi clítoris, lo acaricia y lo masajea. Empiezo a jadear y a gemir como loca. Sé que todavía se nos puede ver fácilmente desde la ventana. Me sonrojo de nuevo y me arde la cara. —Deja que la vergüenza te queme, gatita… —dice mientras me besa un poco más. Me coge con su mano hasta que grito y me estremezco de placer. Su semen resbala por mis piernas. —Estás completamente lubricada para mí —dice mientras presiona rápidamente su gran pene duro contra mi coño. Gi

