No había sostén ni zapatos, pese a que unas medias blancas de seda, que se acoplaban a la mitad de los muslos, complementaban el atuendo. Las medias se detenían a mitad de mis muslos con una tira gruesa que se pegaba en la parte interna a mi piel, pero por fuera estaban ribeteadas por un lazo rosa, muy suave, con un perfecto nudo que le daba un aire delicado y femenino. Para completar, me sequé bien el cabello, peinándome para dar una buena imagen, pese a que no encontré nada más para terminar de arreglarme para el amo Caine. Seguí las instrucciones de Matthews, lo que significó no usar zapatos ni maquillaje, ya que no me dejó nada en el tocador hermoso y grande que tenía al lado derecho de la cama con dosel. La habitación era muy bonita, emanaba un aire tierno y encantador, con las par

