―¿Podré salir de la mansión? ―consulté el único tema que me importaba, al tiempo que salimos por un pasillo que llevaba a una de las salas, la sala de visitas, una estancia enorme y adornada con algunos cuadros de paisajes al estilo de Van Gogh. Carraspeó. ―Claro, en realidad, podrá salir, pero para ello tendrá que consultarlo con el amo Caine, de esa forma él podrá disponer mejor de su horario ―explicó evadiendo de nuevo llamar las cosas por su nombre. El señor Lars era muy respetuoso, mucho más de lo que, en esa situación, se imaginaría uno. Me siguió enseñando el resto de la casa. Las diferentes salas, porque sí, había más de una, también salimos al jardín, donde había una amplia piscina, además de extravagantes decoraciones naturales, así como lugares para descansar, desde hamacas,

