Me levantó de caderas y deslizó su m*****o en mi interior, centímetro a centímetro, ensanchando mis paredes hasta que lo tuve en lo profundo, tal y como necesitaba. ―Mía ―rugió y me penetró una tras otra vez, mientras repetía que le pertenecía, que era su sirenita y que pronto me volvería completamente de su propiedad, reafirmando su compromiso que creí que dijo en el calor del momento, pero no fue así. Tara se levantó y gimió de placer al vernos. Sin moverse nos admiró y alentó a que siguiéramos, a que Andrew cerrara el trato para que me uniera a su matrimonio, a su pareja, a su cama, a su intimidad. Jadeé y acepté, porque era justo lo que necesitaba, porque había conseguido más de lo que alguna vez pude desear. … Acaricié su carita menuda, mi sonrisa grande y brillante, así como el

