Sus testículos revotaron contra mi trasero, sus manos en mi culo, abriéndolo para entrar profundo, su boca en mi cuello, sin poder succionar porque estaba a punto de correrse. Su pulso elevado que engrosó su pene al punto de que sentí todas sus venas que abracé con más fuerza. Perdí el aliento, mis ojos se abrieron, el blanco cegador perforó mis retinas, un rayo fulminó mis entrañas, la luz se desconectó de mi cuerpo para luego reanudar la marcha en un resplandeciente halo que hizo brillar cada nervio sobreestimulado cuando el primer disparo de semen penetró mi interior y me inundó con su calor y espesura. Grité sin voz, me estiré hacia atrás, como si un hilo tensor arrastrara mis músculos, mis nervios, mis huesos y lo abracé, metí su cabeza entre mis pechos y me corrí con tal intensidad

