Aiden tenía un cuello trabajado, así como sus pectorales que estiraban la tela negra de la camisa sencilla que llevaba puesta, que dejaba ver sus bíceps gruesos, así como sus antebrazos anchos y marcados por las venas. Los vaqueros oscuros se acoplaban a la perfección a sus piernas largas y musculosas. El vestuario terminaba en unas botas de estilo militar de cuero volteado. Era la imagen de la indecencia, la imagen de mi marido y de cómo se vería en unos años y… y mi corazón se alteró por completo al ver su sonrisa, al ver el brillo en sus ojos que en un primer instante se quedaron fijos en los míos, para luego perderse en mi cuerpo y su sonrisa se disipó en cuanto me repasó. Cuando volvió sus pupilas dilatadas a las mías, pude percibir que algo cambió en mi suegro. ―Pasa, pasa ―dije qu

