Intento entrar a mi casa sin hacer ruido cuando llego. Es la una de la madrugada, pero mi padrastro está levantado y sentado a la mesa de la cocina. Probablemente me esté esperando. —¿Y dónde has estado tú, señorita? —pregunta con severidad. —Salí con amigos —le digo. —Sabes que tienes toque de queda —dice. —Sí, Steve —respondo y pongo los ojos en blanco—. Tengo 18 años, ¿sabes? Soy adulta. Puedo hacer lo que quiera. —Sí, pero estás en la escuela secundaria y aún vives en casa. Tienes que seguir las reglas. —Está bien, seguiré las reglas —digo mientras intento pasar junto a él. Me agarra del brazo. Me excita. Por muy pervertido que sea, mi padrastro es sexy. He intentado no darme cuenta. Tiene el pelo rubio rojizo oscuro, cortado muy corto, músculos y piel bronceada por estar al

