Me reacomodé mejor en su sofá. Llevábamos un rato sentadas en su sillón carísimo de tres plazas, muy cómodo, a decir verdad. Por suerte, la botella de vino estaba frente a nosotras y, por primera vez en meses, tenía un rato libre solo para ser yo. Amaba a mi bebé, pero agradecí que mamá se ofreciera para cuidar a mi hijo durante todo un día y así pudiese estar a solas con mi humanidad. Me había dado un largo baño en la mañana, justo después de que mamá llegara por mi pequeño, y luego Tara me llamó. Al saber que estaba libre, me invitó a tomar una copa. Hacía tanto que no probaba nada de alcohol, que no lo dudé. Y por supuesto que me incomodaba escucharla hablar de sus aventuras sexuales, aun así, era mucho más de lo que obtendría en algún tiempo, quizás años. Ser mamá soltera no me iba a

