Escritura
Kami
Siento que necesito otro baño. Mi cuerpo no deja de temblar. Cuando lo vi de rodillas frente a mí, sentí que, tal vez, todo podría ser real.
¿Pero qué podría ser real?
Lo que mi cabeza siempre creyó que solo ocurría en las novelas, no en la vida real. Mucho menos en la mía.
Aunque también sé que él se mete con cualquiera, y yo solo sería eso: uno más.
Entonces, ¿por qué me cuida?
Si solo soy su empleado. Pero si cree que por eso puede hacer lo que quiera conmigo, está muy equivocado.
En ese momento escucho el agua correr y no puedo evitar preguntarme cómo se verá. Si su piel será tan perfecta como imagino, si sus músculos serán exactamente como los he soñado.
No puedo vestirme e irme; toda mi ropa está en la lavandería.
Entonces golpean la puerta.
Me levanto lentamente y abro.
-Hola. Aquí está la cena. Espero que sea de su agrado.
Es comida para dos. No comprendo por qué tantas molestias.
Entonces él sale del baño y parece una broma cruel. Tiene el torso desnudo y solo una toalla cubriéndolo de la cintura hacia abajo.
-La... la comida que pidió está...
-Sí, qué bien. Comeremos entonces.
Pasa la toalla por su cabello, la deja a un lado y se sienta frente a la mesa.
-¿Qué pasa? -se mira a sí mismo-. ¿Te molesta?
-No, es solo que pensé que estaría más cómodo con una bata o algo así...
-No estoy cómodo con una bata -me interrumpe-. Estoy cómodo así.
No digo nada.
Él me hace una seña para que me siente y obedezco.
-Que lo disfrutes.
-Igualmente.
Comenzamos a comer. Él corta la carne y cada vez que lleva el tenedor a la boca, sus ojos se fijan en mí.
-¿Tu novio sabe que te quedarás en un hotel con otro hombre?
Casi me atraganto.
Trago con dificultad y tomo un poco de agua.
-¿Por qué tienes novio?
Recuerdo la mentira que escribí en aquella nota.
-Sí. Solo que él sabe que es por trabajo y confía en mí.
-No lo dudo. Pero tampoco parece cuidarte muy bien. El otro día te golpearon en el trabajo. Ahora te pasó algo, te caíste y todavía no sé qué ocurrió. ¿Piensas contármelo?
Dejo los cubiertos y limpio mi boca.
-Mi novio me cuida muy bien. Simplemente no lo involucro en cosas sin importancia.
Él toma la copa de vino.
-Si fueras mío, jamás permitiría que nadie te pusiera una mano encima.
Trago saliva.
-Pero no soy más que su empleado. Además, Zac parece bastante ocupado cuidando a otra persona.
-Es simple. Solo es sexo.
Deja de comer.
-No es algo que me importe.
-Voy a volver a preguntarte. Y será mejor que lo escuche de ti.
Lo miro fijamente.
-Él me trajo hasta aquí. Me dijo que había un problema con las gráficas y que debía venir en persona porque el encargado de la bodega era muy mayor para enviar la información. También dijo que debía hacer el relevamiento manualmente.
Tomo aire antes de continuar.
-Cuando llegué, el gerente me envió todo por correo. El relevamiento había sido realizado una semana antes y tenían todos los datos. No era necesario que yo viniera.
-¿Y después?
-Cuando salí, él estaba afuera. Abrió la puerta para que subiera al vehículo, pero antes de que pudiera hacerlo arrancó de golpe. Perdí el equilibrio, caí y me raspé las rodillas.
-¿Por qué no llamaste para quejarte?
-¿Y con quién iba a quejarme? Soy nuevo. Él es el casi algo del hijo del dueño. ¿Quién cree que tiene las de perder?
Lo miro.
-Creo que iré a lavarme los dientes. Usted duerma en la cama. Yo lo haré en el sofá.
Camino hacia el baño. Me apoyo en la mesada y observo mi reflejo en el espejo.
Sacudo la cabeza.
Solo debo sobrevivir esta noche. Después nada más importará.
Me lavo los dientes y salgo.
Él entra al baño seguramente para hacer lo mismo.
Poco después llaman a la puerta. Vienen a retirar el servicio de habitación. Le agradezco a la empleada y cierro.
Cuando me doy vuelta, lo encuentro frente a mí.
-¿De verdad tienes novio?
Su pregunta no me incomoda.
Su cercanía sí.
Me está acorralando contra la puerta. Su voz es suave, apenas un susurro.
-No seré uno más. Si quiere un juguete nuevo, este no es el camino.
-¿Y puedo hacer algo para averiguar si sí lo es?
-¿Qué...?
Su mano se desliza hasta mi nuca y sus labios encuentran los míos.
No puedo moverme.
Intento comprender lo que está pasando mientras sus labios se mueven lentamente sobre los míos. Entonces su lengua encuentra espacio para entrar y, sin querer, un pequeño quejido escapa de mi garganta.
Es ahí cuando sus manos sujetan mi cuello para profundizar el beso.
Pero tengo que detener esto.
Lo aparto, agitado.
Él respira con dificultad. Yo también.
-Renuncio.
-¿Por esto? Pero tú...
-Debo irme. Tomaré mis cosas y...
Él niega con la cabeza.
-No. Espera. Yo me iré. Comprendo que sea un no. Créeme, no soy tan estúpido como para seguir insistiendo con alguien que me rechaza. Eso no me ocurre dos veces.
Se aleja.
Toma su ropa, recoge sus cosas y camina hacia la puerta.
-Ya pasó. Mañana espero verte en la oficina. Y desde ahora te digo algo: fingiremos que esto nunca ocurrió.
Sale de la habitación.
Yo me quedo sentado en la cama, incapaz de comprender lo delicioso y doloroso que acaba de ser aquel momento.