ARIA La arena está más bulliciosa de lo que esperaba. El sonido de los golpes secos y las pisadas rápidas llena el ambiente, acompañado por las risas nerviosas de los más jóvenes, creando un caos casi contagioso. Avanzo con pasos cautelosos, sintiendo cómo las miradas me siguen desde distintos puntos. Los cachorros y jóvenes entrenan con intensidad bajo la supervisión de guerreros más experimentados. Entre ellos distingo a Marcus, quien, al verme, alza una mano con entusiasmo. —¡Hermana! —grita con una sonrisa amplia y sincera, como si mi presencia fuera lo mejor que le ha pasado en todo el día. Respondo con una leve inclinación de cabeza, tratando de no llamar más la atención de la necesaria. Sin embargo, pronto noto que el resto de los cachorros no comparte su entusiasmo. Sus ojos br

