CAPÍTULO 2: Decisiones y despedidas

861 Words
ARIA Me armo de valor y, con una calma que no siento, acepto la misión. Todos me miran y en la sala cae un silencio sepulcral. Mi padre y mi hermano me miran de reojo, como si estuvieran calculando las posibilidades de mi locura y mi maestro abre la boca para decir algo, pero al final se queda callado. No lo culpo, el no puede hacer nada. En el fondo sabemos que huir de esta situación solo me traería problemas. Muchos, he hecho. A la mañana siguiente, recibo la visita de mi maestro. —Negociar con Sombra Nocturna será difícil. —me advierte, y su mirada refleja preocupación—. El Alfa está desesperado, quiere evitar un conflicto y, además, usarlos como perros de caza para que se encarguen de la zona irregular. Me cuenta que sabemos poco de ellos, salvo que son los guerreros más fuertes y que, en el pasado, firmaron un tratado gracias a un matrimonio entre clanes. Ese pacto expira pronto, y el Alfa quiere renovarlo a toda costa. —Pero… ¿por qué tanto empeño en ellos? ¿Acaso no podríamos aliarnos con otra manada, una menos peligrosa y más fácil de tratar?—insisto. —Porque son nuestros vecinos y, si algún día decidieran ocupar nuestro territorio y desafiarnos, créeme, ellos ganarían. —Hace una pausa para que asimile sus palabras.— Cuando negocies con ellos, dales lo que pidan : acceso a nuestros recursos, compromiso de apoyo futuro o en caso de necesidad, una alianza política... —Sí... —Si fracasas, te culparán a ti —me advierte con voz grave. El peso de sus palabras me hunde, pero solo le pido una cosa: que cuide de mi madre y Marcus en mi ausencia. Al cabo de un rato, mi maestro se marcha, dejándome sumida en mis pensamientos. No pasa mucho tiempo antes de que mi hermana aparezca, abriendo la puerta de mi habitación con una expresión difícil de leer. Marlene, mi hermana, es la mujer lobo perfecta, o al menos eso dicen todos los lobos jóvenes… y no tan jóvenes. Es la hembra más codiciada, mientras que yo, bueno, yo soy la hermana “mediocre”. No me considero fea, pero tampoco especialmente guapa. Pero claro...al lado de la mejor hembra de la manada, cualquiera parece un espantapájaros. Mi melena es larga y oscura, y un cuerpo con curvas—quizá demasiadas—, pero no de las “buenas”, porque no es que tenga los pechos grandes. Si me miro con optimismo, lo único que realmente me gusta de mí son mis orejas pequeñas y, bueno… mi trasero. Mi hermana me dedica una sonrisa, algo más cálida de lo que esperaba, y dice: —Bueno, hermana… que tengas suerte en tu misión. Espero que vuelvas entera. No sé si lo dice en serio o con ironía, pero es lo más cercano a un gesto amable que he recibido de mi familia en años. Quizás, desde que nací. Los días pasan rápidamente, y sin darme cuenta, llega el día de mi partida. Mi padre, Orion, me permite ver a mi madre para despedirme. Y encima querrá que se lo agradezca. Bastardo. Mi madre vive sola en una cabaña apartada, un refugio que se ha convertido en su prisión. La decisión de su padre de aislarla del resto de la manada pesa sobre ella como una sombra. A los hombres y mujeres lobo nos afecta mucho la soledad. Muchos se han vuelto 'sálvajes' por el aislamiento... Al entrar en la cabaña, la atmósfera es densa, como si las paredes mismas absorbieran su estado de animo. A pesar de su actitud apática y un poco triste, sé que en el fondo se alegra de verme. Cuando le explico lo que ha pasado y la decisión de Alfa, su rostro se transforma: la preocupación surge en sus ojos como un mar embravecido. Su angustia se hace palpable y me pregunta: —¡Estoy harta de esta manada!—explota. Agarro su mano y la pongo sobre mi cara, para que me mire a los ojos. Sé que eso la calma, porque mis ojos son iguales que los de mi abuela. —Entiendo tu malestar Mamá, pero voy a hacerlo. —Aria, ¿estás segura de que quieres hacer esto? —su voz tiembla ligeramente—.Podríamos intentar escapar… —comienza a mover los brazos. —¡No, madre! Eso no funcionará. Irán a por nosotras, y lo sabes. Voy a hacerlo, y si todo sale bien, quizá pueda pedirle al Alfa una recompensa. Estoy lista para esto.—le toco ligeramente el brazo para que sienta mi contacto—. No te preocupes, el maestro me ha preparado para negociar y estoy segura que lo haré bien.—miento. —Hija, solo estoy preocupada por tí. Si no lo consigues, tu padre podría aprovechar la situación para aislarte como hizo conmigo. Te encerrará y sabes lo que eso significa.Yo… —Mamá, no te preocupes. Todo va a salir bien —digo intentando fingir seguridad y confianza en mi misma, aunque en el fondo sé que su miedo es válido. Y el mío también.
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