Seik Mi padre me llamó para que me uniera a él, y no tuve más remedio que obedecer. Me condujo a una amplia sala donde nos esperaban el Alfa de Luna Menguante y su heredero, que había terminado de divertirse. El Alfa Lucciano, un hombre imponente, me saluda con un gesto de la mano y una sonrisa que no alcanza sus ojos. Siempre he pensado que no es trigo limpio. Su heredero, no se queda atrás, me parece un hombre lobo arrogante con una sonrisa altanera. Me observa de arriba a abajo, como si me estuviera evaluando. Poco después se une el Alfa de la manada Black Wild, un hombre lobo casi anciano con una mirada pícara. La conversación comienza de forma trivial, pero pronto se torna incómoda ya que el Alfa Lucciano se afana en hacer la pelota a mi padre, pero sus ojos brillan con un inter

