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La Duquesa y El Duque

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intro-logo
Blurb

Tras un pequeño incidente Adriana pierde la memoria y al abrir los ojos se encuentra con dos pares de ojos que afirman ser sus hijos, Adriana no recuerda nada después del incidente pero sabe quien lo causo y con ayuda de guapo marido conseguirá la perfecta venganza y poder ser feliz junto a su familia.

Su marido que no confía en ella por las cosas que le hizo en el pasado estará pendiente de que nadie se la arrebate de su lado.

Si tan solo ella lo amara como el lo hace todo fuera diferente.

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EpisodioI
Me removí inquieta y sentí un dolor de cabeza intenso mientras intentaba abrir los ojos. La luz que entraba por el ventanal me hizo cerrarlos nuevamente. —Mamá se movió. Una vocecita me hizo volver a intentar abrirlos. —Sí, pero sabes lo que dijo papá: que no podemos molestarla porque luego se enoja y nos abandona. Otra voz llamó mi atención. Volví a intentar abrir los ojos, ahora con éxito. Miré el gran techo blanco y luego las grandes paredes color hueso. Me levanté un poco para poder sentarme y ver dónde estaba, pero lo que no me esperaba era encontrarme con dos niños parados frente a mí, observándome fijamente. —Mamá está despierta —gritó la pequeña niña, tirándose a mis brazos. El niño me observó y empezó a llorar. —Mami, seremos buenos niños, no te vayas. Papá te ama y nosotros también, no nos abandones. ¿Mami? ¿Papá? ¿Cómo puedo ser yo madre? Me reí internamente, pero dejé de hacerlo al ver a los niños mirándome con los ojos enormes y pequeñas lágrimas saliendo de ellos. —Niños, no soy su madre —les dije. Ellos empezaron a llorar aún más, pero se detuvieron al escuchar la puerta abriéndose. —Adriana, ¿qué le estás haciendo a los niños? Sé que no me quieres en tu vida, pero con los niños no te metas. Ellos no tienen la culpa. Un hombre alto de cabello castaño empezó a gritar mientras entraba a la habitación. ¿Este no es el del Imperio del Dragón? ¿Y mi prometido? Me quedé analizándolo. Anoche yo estaba con mi padre cenando, hablando de que mi futuro esposo sería el Duque, pero me negué porque ya estaba enamorada de Carlos, el hijo de uno de los amigos de mi padre. Corrí hacia la casa de mi amiga Maribel por ayuda y cuando subí a su habitación me encontré con el mayor espectáculo que había visto en mi vida: mi mejor amiga con mi novio besándose. Después de eso no recuerdo nada, solo unas manos empujándome por las escaleras. ¿Pero cómo es posible que me encuentre con el duque ahora? ¿Será que me salvó anoche? —Duque. Él me miró fijamente tras escuchar mi llamado. —¿Estos son sus hijos? —pregunté esperando una respuesta positiva. —Niños, bajen a lavarse las manos y luego al comedor. La comida será servida. Los niños me miraron y luego miraron al duque. —No me hagan repetirlo de nuevo. Los niños salieron de la habitación en menos de lo que esperaba. —¿Cómo puedes ser tan cruel como para hacerme esa pregunta frente a ellos? Sé que ellos no fueron concebidos de manera voluntaria por parte tuya, y que te arrepientes de aquel día, pero sé que ellos son mis hijos. No me importa si quieres irte con Carlos, no dejaré que los trates así. Me quedé muda. ¿Irme con Carlos? Al parecer había estropeado todo, pero no me acordaba de nada. —Eres libre de irte con tu amante, después de todo, a él lo amas hasta más que a los niños. Pero sí que lo había estropeado en grande. Grande era poco. —Estaré en la capital trabajando. Los niños estarán en la biblioteca estudiando. Volveré en la noche con ellos. Si decides irte, hazlo en silencio sin que los niños lo noten. Que pases buen día, duquesa. Me miró con desprecio y luego salió de la habitación. Miré hacia la puerta y luego hacia el gran espejo que tenía en frente de la cama. Me levanté con cuidado de no caerme y me observé fijamente. Mis pechos eran más grandes, y mi cadera también. Miré mi cabello rojo y me sorprendí al ver que me llegaba más debajo de la cintura. Pero si ayer lo tenía apenas un poco más abajo del cuello. Imposible. ¿Qué estaba pasando? La puerta se volvió a abrir, pero esta vez entró una señora de mediana edad. —Duquesa, ¿quiere que le sirva el desayuno aquí o en el comedor? —habló con la cabeza baja. —¿Duquesa? ¿Usted me dijo duquesa? Ahora que lo recordaba, el duque también me había llamado así. —Sí, señora. Usted es la esposa del duque, lo que la convierte en duquesa. La miré sin entender. —No, yo soy la hija del conde Lauro. Soy condesa —traté de explicarle. —No, señora. Usted se casó con el duque, ¿no lo recuerda? ¿Qué medicamentos le mandó tomar esta vez la señorita Maribel? ¿Maribel? ¿Ella estaba detrás de todo esto? —De hecho, no recuerdo nada de lo que me dice. Solo recuerdo cuando alguien me empujó por las escaleras tras ver cómo... —me quedé callada y ella por fin me miró a los ojos—. Digo, tras ver que Maribel no estaba en su casa. Alguien me empujó y no recuerdo nada. —¿El accidente que tuvo por las escaleras? —Asentí—. Eso fue hace más de cinco años. Casi me desmayo al escuchar eso. —Tras despertarse, su padre la obligó a casarse con mi señor, y meses más tarde usted quedó embarazada de los pequeños, sus hijos. Pero nunca le gustó estar con el duque, por lo que siempre trató de escaparse con el caballero Carlos. En mi opinión, señora, el duque está mejor que él. Habló rápido. —¿Puedes no contarle a mi marido que perdí la memoria? Ella asintió. —¿Cuál es su nombre? —¿El del duque o el mío? —Ambos. —Mi nombre es Rosa. El duque se llama Cristian, pero usted siempre lo llama así: Duque. Afirmó. —¿Me ayudas a arreglarme? Entré al gran armario y noté los grandes y extravagantes vestidos que había. —¿Solo tengo estos? Rosa asintió. Son horribles. —También necesito una modista. ¿Puedes llamar a una por mí? Ella asintió. —Me daré un baño mientras tanto, y Rosa... Ella me giró a verme. —Gracias. —Siempre a su disposición, señora. Solo le pido de todo corazón que trate de darle una oportunidad al duque y a los niños. Sé que serán una gran familia. —Lo prometo. Entré al baño y entré a la bañera. A pesar de que el agua estaba helada, lavé mi cuerpo completo y, tras arreglarme, salí corriendo hacia abajo, donde escuché unas voces. —¿A la señora no le gustó el vestido que le mandé? Puedo hacer uno nuevo, pero que no me deje sin trabajo, por favor. Una dama de estatura pequeña estaba suplicándole a Rosa. —De hecho, quiero hacer unos arreglos en unos vestidos que tengo allá arriba. Una de las del servicio trajo más de cuatro docenas de vestidos. —No es diciendo que no me gustan, solo quiero un cambio y no hay nadie mejor que tú para eso. Quiero que le quites todo lo que tapa el escote de cada vestido, quiero que le quites algo de cretona y que le ajustes la cintura. Hace calor, quiero empezar a vestirme elegante y sexy. Le guiñé un ojo y la dama frente a mí sonrió. —Tengo unos libros con nuevos diseños. ¿Le gustaría escoger uno? Me negué. —Le recomiendo que sí. La coronación del futuro rey es el viernes, elija uno —exclamó Rosa. Y de hecho lo hice. Mi maridito quedaría con la boca abierta al ver lo que escogí, y mejor aún, le daré la lección que se merecen Maribel y Carlos. Lo juro, por mi honor, que nadie se volverá a reír de mí en mi propia cara.

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