POV Luisa María Gutiérrez El beso no terminó ahí. No podía. Había algo en la forma en que José Joaquín me sostenía, como si hubiera pasado años guardando las manos para ese momento exacto. No era un beso robado ni uno tímido. Era un beso que hablaba el idioma de todo lo que necesitábamos y nunca lo dijimos. Cuando se separó apenas un segundo, apoyó su frente en la mía. Ambos respirábamos agitados, como si después de tanto resistirnos, el cuerpo hubiese decidido hablar por nosotros. —Luisa… —Su voz era baja, ronca, cargada de algo que quemaba—. Dime que no estás arrepentida. Lo miré. Cómo podía arrepentirme… sí, por primera vez en mucho tiempo, mi alma estaba en paz. —No lo estoy —susurré—. No podría. Él cerró los ojos como quien recibe una absolución. Y volvió a besarme. Sus l

