POV Luisa María Gutiérrez. El ambiente cambió, aunque nadie lo dijo en voz alta. Cambió porque él estaba allí. Después de lo que hablamos, de lo que confesó, de lo que lloramos en silencio… no había forma de fingir que la presencia de José Joaquín no movía algo en toda la casa. Mi mamá lo recibió de una manera que no esperaba, después de lo que había pasado, con una suavidad que pocas veces le había visto. —José, hijo. ¿Quieres refresco, vino o una cerveza? Él sonrió, esa sonrisa cansada que tenía desde que llegó, una mezcla de ternura, dolor y alivio. —Sí, una cerveza, señora. Gracias. Yo respiré profundo y me obligué a sonreír. No quería que él sintiera que estaba caminando sobre vidrio. Ana Victoria ya estaba pegadita a él, más tranquila, jugando con las cajas de regalo que él t

