Un café sobre la mesa, un pan sin terminar, y una servilleta húmeda de lágrimas, eran el escenario que se pintaba en la cocina de la casa de Avril. Avril no había encontrado a Matthew, por más que lo había buscado nadie le daba noticias de su paradero. Tampoco sabía nada de Angus, parecía que se lo había tragado la tierra. Y como si las cosas no pudieran empeorar para ella, su madre había llegado de improviso. Su amante, y futuro marido estaba con ella. Su padre también había llegado a su casa, ansioso de encontrarse con su esposa y su amante. Todo era un caos a su alrededor y ninguno de sus padres le preguntó qué estaba pasando y el porqué de sus ojos llorosos. Sus padres discutían acaloradamente en su sala, su hija Miriam lloraba en su habitación escuchando a sus abuelos a los
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