Nicole gimió y lo tomó por los brazos, pero no hizo esfuerzo para liberarse, sino que se sostuvo de él para no caer. La intensidad de aquel beso absorbió todas sus fuerzas. Abrió los labios dejando entrar a la lengua masculina en la húmeda cavidad de su boca. Matt la recorrió con urgencia, le robaba el aliento, cientos de gemidos y la voluntad. —¿Qué haces? —preguntó ella cuando el hombre le permitió recobrar oxígeno. No obstante, él pronto la rodeó con uno de sus fuertes y fibrosos brazos y la alzó del suelo. Se apoderó de su boca de nuevo mientras la dirigía a la cama y la depositaba sobre el acolchado. —No te atrevas —gimió Nicole, pero al ver que Matt lanzaba el sombrero al suelo y se quitaba la camisa con ansiedad, dejando al descubierto su pecho dorado, firme y musculoso, qued

