El veterinario llegó al final de la tarde, acompañado por un joven empleado del rancho vecino. Atendió a los animales en el establo, en medio de un tenso silencio. Matt no se apartó en ningún momento de los visitantes y parecía evaluar cada uno de sus movimientos y gestos. El personal se mantenía alejado, solo Tanner se encontraba en las cercanías, pero a una distancia prudencial. —No son serias las heridas —explicó el veterinario, un hombre delgado, de cabellos oscuros y gafas gruesas, mientras el joven que lo acompañaba guardaba los implementos que había utilizado en un maletín—. Con los cuidados adecuados, en algunos días se recuperarán. Si les parece… —Mañana mismo contrataremos a un experto —aseguró Matt, antes de que el hombre se ofreciera a vigilar a los animales—. Gracias por

