Luego de un rato, ella se puso en posición de 69, su pene a la altura de la boca de la hiena, que como aún estaba bajo los efectos de las drogas la tenía floja, sin embargo, ella empezó a penetrarlo por la boca y como pudo la lamió, en parte gustoso internamente pues siempre había querido probar su v***a, aunque nunca se lo había dado a entender por supuesto. Sabía que si mostraba debilidad con ella lo usaría en contra de él. —Ay sí así — dijo ella mientras él con suavidad comenzó a chupar. La murciélago solía tener un sabor metálico que coincidía con su aroma natural, pero su v***a tenía un sabor dulce, y Sergei se sentía tan caliente. No tenía fuerza de voluntad para negarse, pero si la hubiera tenido, ¿lo hubiese hecho? Ese pensamiento por momentos los torturaba sin consuelo mient

