Capítulo 6. Flashback

1517 Words
La princesa a duras penas había logrado esconderse en un rincón oculto en una especie de depósito que tenía un buque carguero. Ni siquiera había visto qué bandera tenía. Apenas había sobrevivido después de la caída por el peñasco hacia el agua helada y su cuerpo ya venía debilitado por lo anterior. Cuando vio el barco, se escabulló dentro. Ni siquiera lo planificó, con las pocas fuerzas que le quedaban se arrastró y ocultó en la bodega. Sobrevivió comiendo ratas y su sangre, así que cuando el buque finalmente llegó a tierra estaba increíblemente debilitada. Casi no pudo salir así que esperó y esperó. Sintió una mente cercana y de algún modo la atrajo, era muy luminosa. Eso y el olor de su sangre. En realidad cuando se acercó a ella no buscaba hacer amigas sino saciar su hambre. La joven era humana, se pudo dar cuenta a través de su olfato. Era curvilínea y sexy a su manera. De algún modo le recordó a su madre, y ella evidentemente despertó alguna clase de instinto maternal en la muchacha pues la cubrió con su chaqueta para ocultarla y como pudo la llevó hasta un lugar pero estaba tan débil que no luchó, podía percibir que sus intenciones eran buenas. Y confió en sus poderes y su instinto. La princesa podía ver lo que iba a pasar, y en ocasiones presentía cosas de la gente aunque no era tan buena cuando ella era la protagonista, de hecho ese suceso la había arrastrado a esas penosas consecuencias. También tenía algo de telepatía pero dudaba que la humana pudiera oírla en su cabeza. No sabía hacia donde la llevaba ni le importaba. Escuchó que hablaba inglés y aunque no era su lengua, ella sabía muchos idiomas, incluso el inglés. Había aprendido en el castillo, con tutores. Igual que muchas otras cosas Pero cuando llegaron, escuchó una voz masculina y ese aroma, tan tentador acalló cualquier miedo o protesta interna. Reconoció el acento ruso que empañaba el inglés. Le gustaban los rusos. Recordó un muchacho que visitó la corte cuando era más pequeña. Se percató de que era de buena cuna como ella, de solo escucharlo hablar, la estirpe en su lengua hablada que no era la materna se notaba a leguas. Luego, la habían llevado a una habitación. Recordaba que la bañaron. Una mujer mayor, y la joven curvilínea. Estaba tan débil que lo permitió incluso cuando descubrieron sus genitales. Recordaría después que llamaron a ese hombre que le había llamado su atención, pero no le importó. No le importó que él descubriera la verdad pues no tenía nada de fuerzas para protestar. Pero eso no fue nada como el grito que pegó la joven cuando descubrió su espalda mientras ella gemía de dolor. — Por Dios, qué te hicieron, pobre criatura — susurró. Su tono era amable pero en ese momento ella lo resintió. Quiso decirle que ella era una princesa pero no tenía fuerzas, así que dejó que le hicieran las curaciones mientras gritaba de dolor. Aún así, no lograban darle de comer, le llevaban cosas que seguramente cualquiera hubiese considerado un manjar pero no ella. Sergei se asomó en la habitación donde habían puesto a la cachorra, unos días después. O cachorro, bueno, en realidad tenía ambos sexos. Aunque por sus modos, era claramente femenina. Recordaba que se había tratado de ocultar tras de Cam cuando él entró y se estaba bañando. Si a él le hubiesen gustado las hembras podría considerarla hermosa o exótica. Aunque su cuerpo era muy delgado. Su cara era perfecta. Su piel pálida, aunque con la espalda marcada por heridas que parecían de latigazos que afortunadamente parecían estar cicatrizando bien. Y ese cabello rubio y tan largo. Mientras la cachorra aún dormía, él desde la puerta se preguntaba quién era. Contrario a lo que creía Cam, él sabía que no era una indigente. Sino algo o alguien más. Como si lo hubiera oído, abrió sus ojos oscuros que destacaban sobre su piel tan clara. — Ha...hambre...— escuchó Sergei y le costó darse cuenta de que la voz estaba dentro de su cabeza pues esos ojos lo tenían hipnotizado. El ruso buscó el plato con trozos de fruta, y tomó un trozo de piña y lo acercó a la boca en forma de corazón de la jovencita pero ella alejó el rostro con asco, solo que su nariz se acercó a su piel y para sorpresa de él los colmillos de ella/él se alargaron. — Comida...— esa vez no tuvo dudas de que la suave voz en su mente era la de ella. Tuvo temor de moverse. Los dientes de ella rozaron su piel y cuando se clavaron debió alejarse, pero ella estaba tan débil e indefensa... Sergei tenía muchos defectos...pero no era tan hijo de puta, de hecho cuando era pequeño buscaba animales heridos y los cuidaba como una vez lo hizo con un cuervo con el ala rota aunque casi le arranca un ojo cuando se curó. Ella empezó a succionar su sangre y sintió como la fuerza vital la recorría llenándola de energía. Con las dos manos agarró la muñeca masculina y clavó más profundamente sus colmillos en él. — Qué carajos...— el trozo de fruta rodó al suelo mientras ella succionaba su sangre y a él lo recorría una especie de orgasmo. Se recostó a su lado mientras se estremecía y ella seguía bebiendo enfebrecida. Sus miradas se cruzaron y él notó que ella tenía los ojos rojos...Supo en ese instante que se trataba de un murciélago chupasangre. — Eres muy hermosa o hermoso...— murmuró. — Hermosa...— dijo ella con su telepatía y comenzó a lamer la herida, para cerrarla con su saliva pues como cualquier Changer, tenía propiedades curativas. Aún así seguía aferrada a su mano, y se frotó contra ella. De algún modo, ambos se quedaron dormidos y cuando Cam abrió la puerta los encontró entrelazados. Y ese fue el intercambio más amable que habían tenido entre ambos. Luego de aquello ella se empezó a apegar a él de un modo insano. No quería comer, ni siquiera cosas con sangre fresca excepto que él se lo diera. Una vez en un ataque caprichoso había tirado la bandeja, y él le dijo a la señora Harris que se fuera de la habitación. — No puedes hacer eso — le gritó él furioso —. Te hemos dado cobijo y alimentado y ¿así nos pagas??? — inquirió con sus brazos en jarra. Ella se había acercado gateando en cuatro patas sobre la cama. — Hambre...tengo hambre — dijo y hociqueó su cuello, pero antes de que él pudiera apartarla, ella había clavado sus dientes en él. Su v***a se había endurecido y no se dio cuenta de cómo, pero ella lo estaba acariciando, y acabó en su mano. Entonces la apartó. Ella se limpió la boca con el dorso de una de sus manos, la otra estaba cubierta de su leche y la lamió. — Mmmmm rico... — dijo ella satisfecha. — Eso está mal, no se hace... niña mala... Ella se acurrucó en un costado de la cama, temerosa. Y él suspiró y se sentó. Había guardado la v***a pues ella la había sacado de su pantalón. — No te haré daño...solo no debes hacer eso. Eres pequeña y yo soy un hombre... — No soy pequeña, tengo 18 años...— dijo sorprendiéndolo pues Sergei creyó que era más joven. — No puedes andar haciendo lo que haces conmigo por la vida, aparte, ufff mira a mi no me gustan las niñas ¿entiendes? — Tú me gustas, ¿yo no te gusto? — le preguntó dolida. — No es eso, es complicado, a mí me gustan los hombres y lo que me sucede contigo es una reacción natural de mi cuerpo... — Ohhh ¿siempre te sucede con cualquiera??? — preguntó ella acercándose con sus ojos rojos y él no le respondió inmediatamente. — Tus ojos parecen dos rubíes... — respondió él, como hipnotizado. — Yo ... Rubí — dijo ella satisfecha. — ¿Te llamas Rubí??? Ella lo miró como pensando y finalmente asintió con la cabeza. Él entendió de algún modo que ese no era realmente su nombre pero le quedaba bien. — Lo que haces conmigo, es peligroso que lo hagas con cualquiera, los hombres podrían lastimarte...— dijo él y ella le sonrió con ironía. QUÉ IDIOTA. Pensó Sergei, si ella llegó con la espalda destruida. — ¿Eso fue lo que te pasó??? ¿Chupaste la...mmmm...estemmm ... sangre equivocada ???— le preguntó tomando su barbilla y ella esquivó su mirada —. No vas a decírmelo ¿no? — preguntó él unos minutos de silencio después y ella negó con su cabeza antes de sacar la lengua para lamer los masculinos dedos que aferraban su rostro, pues aunque él le había dicho que estaba mal, a ella le encantaba. Y nada más importaba pues, después de todo rota y todo, seguía siendo una princesa que una vez había obtenido todo aquello que quisiera.
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